| Tres libros de Ángel Bernardo Viso |
| Escrito por Fernando Luis Egaña |
| Domingo, 24 de Mayo de 2026 00:00 |
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Comenzando por "Venezuela: Identidad y Ruptura", seguido por "Memorias Marginales de Pedro Mirabal", y culminando con "Las Revoluciones Terribles". En especial el primero, publicado hace medio siglo, y que puede señalarse como un libro subversivo, en el sentido de que subvierte, con erudicción, sabiduría y argumentos sólidos, el magisterio de la iglesia bolivariana e independista que se fraguó en el siglo XIX, no sólo por la catequesis de Antonio Guzmán Blanco, sino por la aceptación general, en adelante, de los poderes establecidos, fueren del signo y naturaleza que fueren. Nuestra guerra de Independencia fue una guerra civil, atinó en explicar Laureano Vallenilla Lanz. Y por ello de consecuencias devastadoras, en todos los órdenes, incluyendo el espiritual. La ruptura violenta y encarnizada con España, deja un vacío que las máscaras republicanas y sus palabras grandes: libertad, igualdad, soberanía, no lograron conferir una nueva y promisoria identidad a Venezuela. La Casa de Borbón fue mucho más centralista y burocrática que la Casa de los Austria, en su manejo del vasto imperio. El estamento de los criollos descendientes del largo proceso de Conquista y formación territorial y económico, sufrió una merma importante de su poder, y todo ello contribuyó a engendrar la guerra atroz en contra de lo español. Me permito una acotación personal: los Egaña llegaron a estas tierras con la Compañía Guipuzcoana, a mediados del siglo XVIII. Casi todas esas gentes eran muy mal consideradas por eso que Herrera Luque llamó los Amos del Valle. Núcleo social y político de donde provino la generación impulsora de la Independencia. La delegación de Cumaná o la Nueva Andalucía para el Congreso que declaró la Independencia en 5 de Julio de 1811, estuvo encabezada por un patriarca de apellido Mayz, mi ascendiente directo. Es decir, en mi propia genealogía están las huellas de la guerra civil, de la ruptura y de la disolución de la identidad nacional. Destruida quedó Venezuela después de la gran guerra. Lo anterior se lo llevó el humo de la historia, y lo posterior fue una sucesión de caudillos que siempre lograron imponerse a las reservas cívicas. Hemos arado en el mar, fue la desgarradora confesión de Simón Bolívar. Acaso ello sea una antesala de Venezuela: Identidad y Ruptura. John Lynch es su biografía histórica de Simón Bolívar, insiste en que una motivación de su estamento social era evitar que la destrucción del Imperio español le abriera paso a lo que él denomina la pardocracia. No fue así. No. Fue la anarquía lo que sobrevino, sin orden ni estructura real que no fuera el control del poder, con o sin pardocracia. Al fin y al cabo el intenso mestizaje nos hizo a todos pardos, siguiendo la categoría de Lynch. No importa que tengamos ojos azules, o que haya miembros de la familia Pardo que parezcan suecos. No importa. Somos un país mestizo, lo que está muy bien. Pero la guerra bolivariana nos dejó a la intemperie en cuando a instituciones, lo que no pudo haber sido peor. Ojalá y esa primera gran obra de Ángel Bernardo Viso hubiera suscitado una gran polémica. Pasó casi por debajo de la mesa intelectual, hasta el punto de que Anibal Romero, un valor del pensamiento venezolano, comenta con asombro que se topó por casualidad con las obras de Viso. No deja sabor de amargura este libro: sí un desafío muy complejo, mas no imposible: repensar la historia desde la verdad, repensarla sin los Claros Clarines de Darío. Repensarla con la mira en el futuro. ¿Exagera Simón Alberto Consalvi, hombre comedido y alejado de la retórica pomposa, que Venezuela: Identidad y Ruptura es uno de los libros más importantes del país? No lo creo. Ha perdurado en el tiempo de muchas décadas. Ya es un clásico.
Las Memorias Marginales de Pedro Mirabal, extienden de manera íntima los fundamentos de la obra precedente. Íntima y también poética, porque Ángel Bernardo Viso, lo percibo así, es un poeta que se hizo ensayista desde la poesía. Para entender este magnífico libro hay que saber que los Viso Rodríguez vienen de Calabozo. Un hinterland que cómo Carora, preservó tradiciones y valores que en otras partes desaparecieron. Una población que no dejó de ser española a su manera. Calabozo, perdida en la inmensa llanura guariqueña, ha sido sede Arzobispal, mucho antes que ciudades que ahora son más importantes. El Vaticano no se equivoca en estas cosas. Desde 1863 Carabozo tiene Obispo. Y lo tiene porqué tenía un entramado o densidad ciudadana, a partir del cual se podía evangelizar la vastedad de esos Llanos. La finura y profundidad de las cartas de Don Pedro a su pariente son inseparables de la vida calabozeña de los Viso. O también de la vida Visera de Calabozo. Son cartas de añoranza y combate. De angustia y devoción. Escritas en Madrid, son fragmentos de un testamento personal sobre la historia venezolana. No son fáciles de ponderar. Acaso no lleguen a tener el brillo articulado del libro que la antecede y que la sucede. Es literatura con amor y desamor por la patria que ya no existe. Las Revoluciones Terribles es una obra en la cual el historiador y el jurista, toman la palabra. Palabra profética en cuanto a Venezuela. Terribles o moderadas son las revoluciones, no por la medida de su violencia, sino porque si son destructivas o constructivas. Si porque el pueblo que las padece, termina en la anarquía o en un camino de superación. Vaya un inciso algo ufano pero pertinente. Cuando Inglaterra le arrebató a Francia sus posesiones americanas, la Corona triunfante tenía que sufragar el costo de mantener a la derrotada Nueva Francia. ¿Cómo hacerlo? Apoyándose en la prosperidad de las colonias americanas de habla inglesa. La génesis del descontento con Inglaterra. Digamos que una génesis tributaria. De allí surge la revolución moderada que creó al país más poderoso de la tierra, que ahora conmemora los 250 años de su Independencia. La revolución terrible que asola a Venezuela debe ser comprendida en el prisma de Venezuela: Identidad y Ruptura. El país, es cierto, tiene una fuerza que busca convertirse en tradición republicana. El período de la República Civil es un esforzado ejemplo de ello. El prólogo de Carlos Malamud al primer libro que hoy se presenta en reedición, no me agrada ya que carece de la sutileza para diferenciar lo que el propio autor diferencia. La esperanza en un mejor porvenir. Viso fue un intelectual valiente. Cuando casi todos callaban, disecciona con lucidez por qué está en marcha una terrible revolución en Venezuela. La peor de todas. Sus puntos específicos no prefiguran, ni siquiera denuncian, sino que afirman el horror que ha vivido la patria en el siglo XXI. Horror del que saldremos. No tengo dudas al respecto. Y no podría concluir este honor inmerecido, sin referirme a la persona de Ángel Bernardo Viso Rodríguez. Desde la adolescencia fui de su casa, en unión con Marina Aguilar de Viso, dama exquisita que me acogió como un hijo. Ángel Gabriel, mi compadre, lo sabe bien. Un hombre austero, brillante, animoso, creyente. Una vez le pregunté al presidente Caldera, quién había sido su mejor alumno. Contestó sin vacilar: Ángel Bernardo Viso. Dios quiera que también sea el mejor maestro.
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