La vecindad entre fronteras poder y nación
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   
Miércoles, 08 de Abril de 2026 00:00

altEl profesor Briceño Monzón analiza la vigencia de la "insolubilidad" fronteriza en Venezuela, un desafío histórico que vincula el desarrollo civil con la integridad territorial.

“Los problemas fronterizos de Venezuela son de varios órdenes, pero todo ello tiende a hacerse más insolubles,

porque sucesivamente se ha ido dándoles como única solución posponer las decisiones.”[2]

 

Para 1989, Hermann González Oropeza, consideraba que las fronteras venezolanas se caracterizaban por su insolubilidad, queriendo decir que los problemas en estas regiones se definían por no estar solucionados. Señalando que las fronteras son un asunto que concierne a toda la sociedad civil, al Estado, al gobierno y a las fuerzas armadas.

En este contexto, el Estado debía tener la responsabilidad básica en las zonas fronterizas. Es allí donde deben priorizarse el suministro de servicios esenciales: educación, salud y vialidad; así como facilidades para la obtención de crédito, insumos y la comercialización de productos agrícolas e industriales. El objetivo era estimular a los agricultores en su ardua labor, fundamental para los intereses de la nación.

Igualmente puntualizaba, que en nuestras fronteras sucedía lo contrario a lo que sería deseable. A la política gubernamental le correspondía enfocarse en promover el poblamiento de estas áreas, garantizando la seguridad fronteriza y preservando la integridad del territorio nacional como una política de Estado. Las fuerzas armadas nacionales habían demostrado cierta sensibilidad ante esta problemática, especialmente en lo que respecta a la soberanía en los espacios limítrofes.

Actualmente, la situación en los límites y fronteras venezolanas parece haber permanecido estancada, heredando una serie de problemas sin solución desde hace 37 años. El territorio fronterizo en particular, continúa siendo elemento central en el paradigma de la interacción estratégica con la vecindad. Históricamente, Venezuela ha otorgado una importancia tajante al espacio limítrofe, lo cual refuerza la concepción de nación soberana.

Siendo que la geopolítica es heredera directa de la ideología del poder conquistador de espacio, creador de los grandes estereotipos difundidos en las clases políticas, nacidas al final del siglo XIX. El nacionalismo venezolano se nutre de representaciones estratégicas, por un lado, donde se encuentra el pensamiento geopolítico, interpretado como un asunto ordenado, de las relaciones entre la geografía en todos los sentidos de la legislación y el poder.

El nacionalismo ese sentimiento de orgullo por ser de una patria y querer que se instituya en ese territorio el bien común. En Venezuela, ese creer se alimenta de las ideas sobre cómo el país debe verse y actuar en el mundo. El espacio (la geografía, las fronteras, los recursos, la ubicación) influye en el poder de una nación, y el dominio de un estado se relaciona en cómo se usa y se vive su espacio.

El orgullo de ser venezolano significa querer que el país sea fuerte, respetado, y defendido su territorio. Los venezolanos creímos firmemente en ser una nación soberana, es decir, que tiene el poder de tomar sus propias decisiones, en su geografía sin que nadie más se incumba. Es como intentar mantener una balanza perfectamente nivelada; cualquier cosa puede desequilibrarla. El mundo cambia constantemente, el dinamismo del sistema internacional, y eso hace muy difícil mantener esa ponderación. En parte, mantener las cosas en su status quo para evitar que algún país se vuelva demasiado poderoso.

Es importante entender que buscar el equilibrio de poder no significa que no habrá conflictos. De hecho, el problema puede surgir precisamente porque las fuerzas están en constante cambio. Si un país percibe que su colindante está ganando más poder, esto puede generar tensiones vecinales.

Lo que realmente importa es cómo los países perciben la fuerza de la geografía limítrofe de una forma transfronteriza. Si un país percibe que su vecino está aumentando sus recursos de poder en la región binacional, puede incitar al desarrollo de políticas que generen la reocupación de su espacio limítrofe. Para Venezuela, el nacionalismo se fundamenta en la idea de ser un país independiente y fuerte. La frontera de manera específica, constituye el espacio de interacción estratégica con los países vecinos. La prominencia que Venezuela otorga a su territorio limítrofe nutre y fortalece la centralidad de dicho modelo de desarrollo en su política exterior.

 Notas

[1] Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Coordinador del Doctorado en Estudios Políticos ULA.

[2] Hermann González Oropeza. “La actual insolubilidad de los problemas fronterizos de Venezuela.” Revista Sic, Centro Gumilla, año LII Nº520, diciembre 1989, p.438


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