El espectro del héroe: La crónica del culto a Bolívar (II)
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   
Jueves, 25 de Junio de 2026 09:35

altEs necesario reconocer que Bolívar fue un hombre de su tiempo, con sus virtudes y sus defectos.

Debemos estudiar su pensamiento con crítica, analizar sus visiones y sus acciones en el contexto histórico en que vivió. Solo así podremos construir un futuro propio, libre de los fantasmas del pasado, y honrar verdaderamente la memoria de los héroes que lucharon por nuestra libertad.
 

Tal como advierte Elías Pino Iturrieta en su libro El Divino Bolívar:

“Tienen sentido los mitos de un país heroico y la liturgia que nacen después de la insurgencia. El santoral erigido en lo adelante no es un capricho sino una necesidad. En adelante los próceres de la Independencia, especialmente el libertador, se convierten en símbolos patrios juntos con el himno y con la bandera nacionales. Pero, ¿para qué existen ayer y hoy los símbolos de la patria? Su cometido es agruparnos y cobijarnos. La sociedad se siente reflejada en sus señales, en sus letras y colores. A nadie le parecen feos ni anacrónicos. Pueden contener figuras y lemas incomprensibles, pero no están en la fachada de los edificios y en las ilustraciones oficiales para que la gente los descifre. Quizás anuncien cosas contraproducentes para la actualidad, o quieren algunos de sus intérpretes que así suceda –como la superioridad de unos individuos sobre otros, o la posesión exclusiva de virtudes frente a los que piensan de manera diversa, por ejemplo–,   pero su discurso no está sujeto a discernimiento. La gente sólo debe sentirlos como emblema mayor en términos personales y gregarios. Así ha pasado con ellos antes de que los gobiernos los codificaran como tales y puede preverse que cumplirán el mismo rol en lo sucesivo. En la medida en que tiene un propósito de cohesión, como en todas las sociedades establecidas, los objetos-símbolo y los hombres-símbolo forman parte de una rutina cívica que no puede someterse a análisis, mucho menos a censura.” (Pino, 2006: pp.22-23)
 
Pino Iturrieta señala que los mitos patrióticos y el culto a los héroes constituyen mecanismos fundamentales de construcción nacional. Más que simples recuerdos del pasado, son instrumentos de cohesión política y cultural que contribuyen a la estabilidad y reproducción de la comunidad nacional a lo largo del tiempo. Sin embargo, esta reflexión también sugiere una tensión entre la función integradora de los símbolos y la posibilidad de someterlos a una revisión crítica desde la historiografía contemporánea.

La independencia, como una gesta heroica, se ha convertido en un dogma, un referente inamovible que nos impide avanzar. Hoy cuestionamos la visión del héroe, la idea de un Bolívar que nos salvó del yugo español, pero que, en su idealismo, no logró ver la complejidad del alma humana.

El problema no reside en la piel, sino en el corazón. La colonomanía, esa obsesión por la herencia española, no nos libera. El mal, se encuentra en el corazón del hombre, y no se cura con un simple cambio de piel.
 
La independencia, aunque un hito, no es una solución mágica. La historia nos invita a mirar más allá del héroe, a reconocer la complejidad de nuestra tradición y a asumir la responsabilidad de construir nuestro futuro.
 
La crónica del culto al héroe nos lleva a cuestionar cómo podemos honrar a Bolívar y a otros héroes sin caer en la idealización que limita nuestra capacidad de crítica. La historia no debe ser un relato estático, sino un espacio de reflexión y aprendizaje.
 
Es fundamental revisar el legado de Bolívar con una mirada crítica, reconociendo sus virtudes y defectos. La independencia no fue solo una gesta heroica, sino un proceso complejo con múltiples actores y perspectivas. En lugar de un culto codicioso, debemos fomentar un respeto que permita una comprensión más profunda de nuestra historia y de nosotros mismos.
 
La figura de Bolívar, debe ser vista a través de un prisma que contemple tanto su grandeza como sus limitaciones. La verdadera libertad y el progreso de un pueblo no se logran a través de la veneración ciega, sino mediante la crítica constructiva y la búsqueda de una identidad auténtica.
 
La Independencia se ha convertido en un punto de referencia, un momento de gloria que se ha transmitido de generación en generación. El hombre que se identifica con este pasado se siente parte de una historia épica, donde la libertad y la igualdad son los valores supremos. La conexión con la historia, se ha convertido en un lazo que une al individuo con el pasado, creando una cadena de sucesos que le otorga un sentido de pertenencia y continuidad. Este vínculo con el pasado puede convertirse en una limitación. La Independencia se transforma en el único antecedente, el punto de referencia, y el futuro se ve condicionado por la sombra de este evento histórico.
 
La historia es un proceso dinámico en constante evolución. La Independencia fue un punto de partida, pero no debe ser el único referente para comprender la realidad actual. La identidad de una ciudadanía no se define solo por su pasado, sino por su capacidad de adaptarse a las nuevas realidades y de construir un futuro propio.

La historia debe ser un recurso para construir un futuro mejor, no una camisa de fuerza que limita la creatividad y la capacidad de cambio.
 
El culto al héroe, en este contexto, se convierte en un homenaje al pasado que puede generar un sentimiento de orgullo y pertenencia, pero también puede convertirse en una barrera para la construcción de un futuro propio.
 

Referencias

Elías, Pino Iturrieta. El Divino Bolívar (2006) 3ª Edición. Caracas: Editorial Alfa. Tercera edición
   

[1] Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Coordinador del Doctorado en Estudios Políticos ULA.

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