| La primera ayuda humanitaria de Estados Unidos fue para Venezuela |
| Escrito por Luis Perozo Padua | X: @LuisPerozoPadua |
| Viernes, 10 de Julio de 2026 01:16 |
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Las calles estaban llenas de heridos, familias separadas y sobrevivientes que buscaban alimento entre las ruinas. El terremoto del 26 de marzo de 1812 golpeó el corazón de la naciente Primera República y dejó devastadas ciudades como Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo y San Felipe. Las estimaciones tradicionales calculan unas 20.000 víctimas fatales, aunque el número exacto jamás pudo determinarse. La catástrofe sorprendió a un país que apenas comenzaba a construir su independencia bajo el liderazgo del generalísimo Francisco de Miranda. Mientras el desastre alteraba profundamente la vida política y social de Venezuela, las noticias emprendían un largo viaje hacia el norte. El 22 de abril de 1812, el presidente de los Estados Unidos, James Madison, recibió en Baltimore los primeros informes sobre el terremoto. Dos días después, Henry Lee le remitió una carta describiendo la magnitud del desastre venezolano, mientras el periódico National Intelligencer difundía la noticia entre la opinión pública estadounidense. Aquellos documentos despertaron una reacción inmediata en Washington. El Congreso aprueba una ayuda sin precedentes El 29 de abril, Nathaniel Macon, representante por Carolina del Norte y expresidente de la Cámara de Representantes, presentó una resolución para autorizar al Ejecutivo a adquirir alimentos destinados a los damnificados venezolanos. La iniciativa encontró respaldo casi unánime. El debate parlamentario no giró en torno a la conveniencia de ayudar a Venezuela, sino a la posibilidad de hacerlo sin vulnerar el embargo comercial que Estados Unidos mantenía vigente en aquel momento. Finalmente, ambas cámaras aprobaron el proyecto el 6 de mayo de 1812. Dos días después, Madison promulgó la ley que autorizaba al presidente a comprar "los suministros que considere convenientes y a entregarlos en nombre del gobierno de los Estados Unidos al de Venezuela", destinando para ello una suma que no excediera los 50.000 dólares. Aquel acto convirtió a Venezuela en el primer país extranjero que recibió un programa oficial de ayuda humanitaria financiado por el gobierno de los Estados Unidos, un precedente que marcaría la historia de la diplomacia internacional. La mayor parte del cargamento consistía en harina de trigo y maíz, alimentos indispensables para una población que había perdido cosechas, molinos, caminos y centros de abastecimiento. Cinco embarcaciones estadounidenses fueron destinadas a transportar las provisiones hacia las costas venezolanas. La misión tenía un carácter estrictamente humanitario. No transportaba tropas ni armamento, ni implicaba un reconocimiento diplomático de la independencia venezolana. Su propósito era asistir a las víctimas de una de las mayores tragedias naturales ocurridas en Hispanoamérica durante el siglo XIX. La guerra cambió el destino de la ayuda Mientras los buques cruzaban el Caribe, la situación militar en Venezuela se transformó radicalmente. El terremoto había debilitado la capacidad de respuesta de la República y profundizado el desconcierto de la población. Desde numerosos púlpitos se difundió la idea de que el sismo constituía un castigo divino contra la independencia, un discurso que favoreció el avance de la causa realista. Al mismo tiempo, Domingo de Monteverde, capitán general de Venezuela al servicio de la Corona española, desarrollaba una exitosa campaña militar iniciada en Coro. Su avance por Siquisique, Barquisimeto, San Carlos, Valencia y finalmente Caracas permitió a las fuerzas realistas recuperar el control de buena parte del territorio venezolano. Cuando las embarcaciones estadounidenses comenzaron a llegar a La Guaira, Monteverde avanzaba victorioso desde Barquisimeto con sus tropas y el puerto principal del país había quedado bajo dominio español. La realidad política para la cual había sido aprobada la ayuda ya no existía. De misión humanitaria a botín de guerra Para supervisar la distribución de las provisiones, Washington designó a Alexander Scott, quien arribó a La Guaira el 27 de junio de 1812. Lo que encontró distaba completamente de la misión que esperaba cumplir. En una extensa carta dirigida al secretario de Estado James Monroe, fechada el 16 de noviembre de 1812, Scott describió que "el país se encontraba en un estado deplorable", con ciudades destruidas, la agricultura devastada y una guerra que hacía prácticamente imposible organizar el auxilio humanitario. Su informe reveló además el destino que había sufrido buena parte del cargamento estadounidense. Scott denunció que Monteverde se había apoderado de parte de los cinco buques que transportaban harina y maíz destinados a los sobrevivientes del terremoto. Una porción importante de aquellos alimentos fue utilizada para abastecer a las tropas realistas que combatían contra la República. Otra parte fue vendida a precios considerablemente superiores a los del mercado y los recursos obtenidos quedaron bajo administración de los comandantes españoles para sostener las operaciones militares. La ayuda enviada para aliviar el hambre de los damnificados terminó convertida, en parte, en un recurso logístico y financiero de la guerra. La denuncia no quedó limitada a los informes de Alexander Scott. El 12 de diciembre de 1812, Jacob Clement, propietario de dos de los buques utilizados para transportar la ayuda humanitaria estadounidense, escribió desde Filadelfia al secretario de Estado James Monroe para advertirle sobre lo ocurrido en Venezuela. En su carta señalaba: "Me permito informarle que he recibido información de varias fuentes sobre la condena en La Guaira, por parte de la realeza, de los buques estadounidenses empleados por el gobierno para llevar su ayuda a los damnificados por los terremotos de la primavera pasada en esa provincia." El testimonio de Clement confirmaba que la operación humanitaria ya trascendía el ámbito diplomático. Los buques contratados por el gobierno estadounidense no solo habían visto frustrada su misión de socorro, sino que también habían sido objeto de medidas adoptadas por las autoridades realistas, generando un conflicto que llegó hasta el Departamento de Estado en Washington.
Los informes de Robert K. Lowry Las denuncias de Scott coincidían con las comunicaciones enviadas a Washington por Robert K. Lowry, cónsul estadounidense en La Guaira y Caracas desde comienzos de 1812. Lowry fue testigo directo de la llegada de los cargamentos y de las dificultades para hacer cumplir el propósito humanitario aprobado por el Congreso estadounidense. Sus despachos diplomáticos documentaron la retención de embarcaciones, las restricciones impuestas por las autoridades realistas y los obstáculos para distribuir las provisiones entre la población afectada. Scott y Lowry emprendieron intensas gestiones diplomáticas para recuperar los buques retenidos. Finalmente consiguieron su liberación, pero una parte significativa de la ayuda ya había sido desviada de su objetivo original. La misión había llegado físicamente a Venezuela. Lo que no pudo llegar íntegramente fue el auxilio para quienes habían perdido todo bajo los escombros del terremoto. La expulsión de los estadounidenses La tensión entre las autoridades realistas y los representantes estadounidenses aumentó durante los meses siguientes. En diciembre de 1812, el gobierno español ordenó la expulsión de los ciudadanos estadounidenses residentes en Venezuela. La medida alcanzó también a Alexander Scott y Robert K. Lowry, quienes en enero de 1813 recibieron la orden de abandonar el país en un plazo de cuarenta y ocho horas. Ambos intentaron refugiarse en Curazao, pero las autoridades de la isla les negaron el desembarco. Permanecieron durante varios meses en Puerto Cabello hasta lograr regresar a Washington en mayo de 1813. Sus cartas e informes diplomáticos constituyen hoy algunas de las fuentes primarias más valiosas para reconstruir el destino de la primera misión humanitaria organizada por el gobierno de los Estados Unidos. Un episodio olvidado de la historia continental La ayuda estadounidense no logró cambiar el curso de la guerra ni impedir la caída de la Primera República. Tampoco pudo aliviar plenamente el sufrimiento de miles de venezolanos que habían sobrevivido al terremoto. Sin embargo, aquel episodio dejó un precedente histórico de enorme trascendencia. Por primera vez, el gobierno de los Estados Unidos destinó recursos públicos para asistir a una nación extranjera golpeada por una catástrofe natural. El primer país en recibir ese gesto fue Venezuela. La historia quiso, sin embargo, que aquella misión de solidaridad quedara atrapada entre dos tragedias simultáneas: un terremoto que destruyó ciudades enteras y una guerra que convirtió el pan destinado a los sobrevivientes en un instrumento para sostener la reconquista española.
Más de dos siglos después, la correspondencia de James Madison, Alexander Scott y Robert K. Lowry continúa recordando que la ayuda humanitaria no depende únicamente de la voluntad de quienes la envían, sino también de las circunstancias políticas que determinan si finalmente llegará a las manos de quienes más la necesitan.
Fuentes documentales
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