La transición: el lugar de la gente
Escrito por Trino Márquez C. | X: @trinomarquezc   
Jueves, 22 de Enero de 2026 00:00

altPor ahora, lo que el país está escuchando son las promesas de una transición hacia un nuevo sistema político

en el que exista la plena vigencia del Estado de derecho, se liberen los presos políticos, se acabe la persecución y el acoso de personas por estar en desacuerdo con las medidas del Gobierno y se avance hacia la reinstitucionalización democrática del país, mediante la celebración de elecciones libres organizadas por un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE).

Para la conquista de esos objetivos, se habla de las supuestas presiones de Estados Unidos al régimen, presidido ahora por Delcy Rodríguez. Los venezolanos nos enteramos de la conversación telefónica de Donald Trump con Rodríguez, a quien el magnate llamó una “persona fantástica”. También del encuentro de la nueva gobernante con el director de la CIA, John Ratcliffe. Por cierto, muy cordial. Igualmente, hemos sabido de la visita de María Corina a la Casa Blanca y la cordialidad que se tejió entre el mandatario norteamericano y la ganadora del Premio Nobel de la Paz.

Sabemos de la tertulia entre parlamentarios del Partido Republicano y el Partido Demócrata con la líder opositora venezolana. Vimos la reunión de María Corina con el Secretario General de la OEA.
Todos eventos auspiciosos.

Esa atmósfera esperanzadora contrasta con el clima dominante en Venezuela: los ciudadanos expresan reservas porque se sienten atemorizados por los colectivos y por las numerosas alcabalas
oficialistas que controlan el desplazamiento de los ciudadanos. La amenaza constante se cierne sobre la gente.

Ese bloque hay que romperlo de forma progresiva. La salida del centro del poder de Nicolás Maduro marcó un quiebre clave en el modelo instalado a partir de 1999. Si bien es cierto que el eje del esquema de dominación sigue girando en torno del temible aparato represivo y de control montado por los cubanos, rusos e iraníes, también es verdad que a la administración de Delcy Rodríguez le
costará mantenerse en el poder y obtener cierto reconocimiento internacional, si basa su acción solo en el ejercicio permanente e indiscriminado de la represión.

Delcy Rodríguez necesita combinar la coerción con el consenso. Está obligada a abrir progresivamente algunos espacios en los que la oposición política y social pueda expresarse con un riesgo mínimo de ser sitiada y encarcelada. Rodríguez, quien se encuentra bajo la mirada atenta de funcionarios norteamericanos muy cercanos a Trump, como el secretario de Estado Marco Rubio, debe aislar o reducir el peso de los personajes más agresivos que la rodean, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello.

Rodríguez tendrá que administrar la represión con cuidado y prudencia. Necesita construir un perfil que la legitime frente a Trump y, especialmente, ante los subalternos, que son quienes le
informarán al gobernante estadounidense lo que suceda en Venezuela.

Los reducidos márgenes de libertad existentes en la nación hay que aprovecharlos en dos direcciones. La primera, para incorporar a los ciudadanos a los cambios que están por venir. Hasta ahora la
‘transición’ ha sido demasiado burocrática. Cupular. Por esa vía no se conseguirán las transformaciones que se desean. El régimen se eternizará. La gente movilizada tiene que comenzar a exigir elecciones libres y todo el conjunto de cambios que deben introducirse.

El ejemplo lo dio Hugo Chávez. La ‘refundación’ de la República, como le gustaba llamarla, la llevó a cabo convocando a sus partidarios a manifestarse y movilizarse en las calles de forma
permanente.

Los familiares de los presos políticos confinados en las mazmorras del régimen también constituyen un modelo. Frente al ‘goteo’ con el cual han ido siendo excarcelados los privados de libertad, sus familiares están exigiendo la libertad de sus seres queridos, sin esperar el beneplácito del Fiscal General o de la Corte Suprema de Justicia. O de Delcy Rodríguez. Esas familias están resistiendo las amenazas y el acoso de los colectivos y los cuerpos policiales. Demandan, con la autoridad que les confiere la ‘democracia protagónica’ señalada en la Constitución, que se levante el Estado de Conmoción y se restituyan las garantías constitucionales. Ejercen sus derechos democráticos.

Los otros protagonistas que deben ir emergiendo progresivamente son los dirigentes de la Plataforma unitaria Democrática (PUD). Esos líderes, obligados a pasar a la clandestinidad o bajar sensiblemente su perfil público, tienen que reconectarse con los ciudadanos. Ya han aparecido Andrés Velázquez y Alfredo Ramos, ambos de la Causa R. Faltan muchos más. El reenganche entre la población y sus dirigentes, especialmente con los que surjan en este proceso de transición, le dará una dirección y un sentido coherente a la lucha por los cambios.

Exigir el retorno de María Corina Machado y otros dirigentes que se encuentran en el exilio, sin que sean objeto de encarcelamiento u hostigamiento, forma parte de las reivindicaciones que el movimiento democrático de masas, con sus líderes a la vanguardia, puede ir alcanzando. Esa batalla será una prueba más de hasta dónde el régimen encabezado por Delcy Rodríguez está dispuesto a llegar en el impulso de la transición.


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