Venezuela, febrero 1936
Escrito por Ramón Guillermo Aveledo | @aveledounidad   
Miércoles, 18 de Febrero de 2026 00:00

altNoventa años van del anuncio por el Presidente Eleazar López Contreras del Programa de febrero de 1936,

acontecimiento histórico de enorme importancia cuya relectura se nos hace singularmente pertinente. Ocurrió en este país, entonces mucho más atrasado y pobre. El Presidente venia de ser ministro de Gómez, era parte del sistema en el poder durante veintisiete años.

Escogido en diciembre para suceder al “Benemérito” con sus reglas, en enero López hace demoler la tenebrosa cárcel de La Rotunda, suelta presos y empiezan a regresar los exiliados. Pero hay suspensión de garantías “para preservar la paz” y el general Galavís, gobernador de Caracas, censura los medios de comunicación. El 14 de febrero una manifestación en protesta por esas medidas es reprimida violentamente. Deja seis muertos y más de un centenar de heridos. Vienen desórdenes y saqueos de casas de gomecistas. El 21, el Presidente López Contreras habla por radio al país y anuncia la restitución de las garantías, la sustitución del gobernador y presenta el Programa de Febrero, un plan reformista en el cual debió venir trabajando desde hace tiempo, porque es poco creíble que lo preparara en una semana.

Su intento era mantener el orden jurídico –heredado del régimen del que participó- “Pero la vida de los pueblos atraviesa a veces etapas de evolución tan compleja, que es casi imposible mantenerla en los límites de la estricta normalidad legal; y se hace entonces indispensable, en resguardo de los intereses superiores de la colectividad que sea el Estado mismo el que se adapte a la realidad del momento…”

El programa empieza precisamente por el régimen de legalidad. Combatir arbitrariedades “ya sea que provengan de los funcionarios públicos o de los ciudadanos”. Respetar y hacer respetar las garantías constitucionales. Autonomía municipal, reorganización de la administración de justicia, creación de la Oficina Nacional del Trabajo para actualizar la legislación vigente y dictar la reforma que sea necesaria, favorecer la agremiación de trabajadores y patronos, sin ellas “toda legislación del trabajo es inoperante”.

Pero no se queda ahí, asume responsabilidades en salud pública y asistencia social, comunicaciones, educación, agricultura y cría, política fiscal, económica y comercial, inmigración y por ser materia de la cual “depende el prestigio” interior y exterior del Estado, especial atención a las Fuerzas Armadas “que solo sirven a los intereses nacionales y son extrañas a las luchas políticas”.

Moverse con tiento debía López Contreras, pero moverse porque el país lo necesitaba.  No por casualidad Ramón J. Velásquez, gobernante también en trance difícil, advierte un condicionante de peso: “…el gomecismo es una realidad poderosa. No en balde ha ejercido el gobierno, sin freno ni control, durante casi tres décadas y ha logrado conformar una nación a imagen y semejanza de sus intereses. Grandes sectores de la población viven atemorizados y creen sinceramente que el ejercicio de las libertades es dañino”.

Prudencia, equilibrio, comprensión de la realidad y sus demandas. Insatisfacciones de lado y lado, los reclamos eran muchos, las aspiraciones infinitas, los riesgos múltiples. El paso del tiempo ha permitido que la imagen de López Contreras crezca en valor.

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