El amigo Alfredo Aguilar
Escrito por Douglas C. Ramírez Vera | @AccHumGremial   
Lunes, 29 de Noviembre de 1999 20:00

altEl pasado 10 de marzo de 2026, tuvimos la noticia de quien vivió para la noticia y al final, él se convirtió en la noticia.

Alfredo Aguilar nació en Caracas, en la maternidad Concepción Palacios, junto a su morocho Gilberto Rafael Aguilar. Muchos lo situaban como larense, pero su vida, pasión y desarrollo profesional lo hicieron merideño. Aunque su apellido lo delata, en sus raíces trujillanas. Estuvo al frente de la Seccional del Colegio de Periodistas del Estado de Mérida durante tres décadas. Trabajo para múltiples medios nacionales y regionales, tanto en el sector público como en el privado[2]. Pero lo que sí hay que señalar como su principal pasión y obra sería si duda la del colegio.

Alfredo Aguilar llegó al periodismo por la práctica, siendo miembro de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP) igual que el presidente Luis Herrera. Alfredo presentó sus exámenes como periodista en 1976 en la Universidad Central de Venezuela[3], profesión que ejerció hasta el final.

Fue un hombre de concepciones firmes, a veces polémico, pero sin duda practicó la parresia, término griego que significa decir toda la verdad con franqueza, valentía y honestidad, asumiendo riesgos personales. El parresiasta dice lo que piensa porque existe una coincidencia entre su vida, pensamiento y palabra, a menudo desafiando a la mayoría o al poder. Ser parresiasta no significa necesariamente que tenga siempre la razón, lo que sí significa es que dice su verdad, aunque incomode. Por lo tanto, no fue muy querido por el poder, pero sí respetado por la comunidad. Especialmente por sus colegas, ya que Alfredo nunca se dedicó a preocuparse por ellos, al contrario, siempre se ocupó de sus colegas. Ninguno le fue indiferente.

El sentido de la vida radica en vivir plenamente la experiencia, no importando la duración de la misma. La muerte, lejos de quitarle sentido, es lo que le da valor a nuestro tiempo, motivándonos a amar, aprender y crear recuerdos significativos, convirtiendo la existencia en un proceso de transformación y autodescubrimiento.

Si la vida fuera infinita, nada tendría valor. Nuestra mortalidad nos impulsa a aprovechar el presente, construyendo significado en lo temporal. El sentido no se encuentra, se crea. Puede ser a través del amor, el arte, la búsqueda de conocimiento, la ayuda a otros o el legado que dejamos. Simplemente experimentar, sentir y vivir es, en sí mismo, un propósito valioso, sin necesidad de alcanzar metas eternas.  Aceptar la muerte como parte natural de la existencia nos libera para centrarnos en lo que importa aquí y ahora, en lugar de temer al final de la vida, buscarle si tiene sentido, porque la vida es una oportunidad única de experimentar, aprender y amar antes de volver a la inactividad natural, haciendo de cada momento algo valioso por su naturaleza efímera.

Alfredo fue un hombre de fe, pero no fue un hombre religioso. La fe desempeña un papel fundamental como estructura de apoyo para muchas personas, ya que ofrece un marco para comprender el mundo y nuestra posición en él. No se limita a la creencia religiosa; también se entiende como una confianza profunda que impulsa la acción y la esperanza. La fe actúa como una "respuesta responsable" a la búsqueda de sentido, en continuidad con la confianza básica necesaria para la vida humana. Proporciona la convicción de que existe un plan o propósito superior, incluso cuando no podemos controlar las circunstancias externas. Ofrece un entramado ético y moral que guía la conducta diaria y genera un sentido de pertenencia a una comunidad.

Tuve la suerte de ser un invitado frecuente a sus programas de radio y TV, hablamos mucho de economía, sociedad, política y universidad. Pero fuera de los medios siempre hablamos de lo humano, de la belleza y de la vida, ya sea compartiendo un desayuno o un almuerzo o un café. Alfredo fue un gran coleccionista de arte, lo cual reflejaba su pasión por la belleza. Creo que amo la belleza en todos los sentidos.

Vivió siendo noticia y se fue dejándonos… la triste noticia.

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Notas

[1] ORCID: https://orcid.org/0009-0001-5282-0006

[2] Orlando Alberto Urbina. (marzo, 2026). “Los oficios de Alfredo Aguilar por Orlando Oberto Urbina”. Diario Frontera Digital. Mérida. Consultado el 10 de abril (https://tinyurl.com/29bayh4v)

[3] Ibidem.


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