María Lionza vuelve luminosa
Escrito por Carlos Colina | @CarlosColina7   
Miércoles, 23 de Septiembre de 2026 00:00

altDespués de la obra teatral en tres actos titulada “María Lionza”, de nuestra poeta y reconocida escritora Ida Gramcko, estrenada hace setenta años (25.11.1956),

ahora asistimos a la puesta en escena de La Reina, con la atinada dirección de Carlos Arroyo y el efectivo soporte de Chabasquén Producciones. Evidentemente, el contexto cambió, y también el estilo. Por cierto, el número de 7 es cabalístico, y 70 lo contiene 10 veces. Y 1, es Dios, ya que hablamos de deidades.  

En realidad, cuando hablamos de La Reina, estamos ante un unipersonal protagonizado con frescura y sensualidad por Valentina Garrido. Empero, su actuación no se circunscribe a lo convencional, ella danza con soltura y participa con propiedad en actos aéreos (Ricardo Marín), con el maravilloso trasfondo del videoarte de Ariana León. Asimismo, la obra tiene un carácter fluidamente participativo, para nada forzado, como suele ocurrir.

Dicho sea de paso, hemos de destacar la dirección de movimiento de Marcela Lunar. Y en un tema como este, la asesoría antropológica de Eloy Marchan no pudo ser mejor.

Con un concepto posmoderno, la pieza combina adecuadamente diferentes recursos, entre ellos la música original en vivo de Jhoabeat, que coadyuva a la experiencia inmersiva. No podía faltar como telón de fondo la canción del cantautor panameño Rubén Blades,  interpretada junto al trombonista y director de orquesta Willie Colón. A todo esto, el uso de elementos audiovisuales ubica a la obra en las corrientes más contemporáneas.

Más allá del culto, La Reina se basa en el mito, es decir, el mismo motivo de inspiración del escultor indoamericanista Alejandro Colina, quien se documentó con las publicaciones del antropólogo Gilberto Antolínez y en sus enriquecedoras tertulias. En el mundo impreso apareció por vez primera en la revista Guarura en el año 1939, para ser desarrollado seis años después en el diario El Universal, con el texto titulado La Hermosa Doncella de los Nívar, dentro de una serie de investigaciones que Antolínez publicó en el diario, subtitulada Mitología Yaracuyana.

La obra escultórica de Alejandro Colina, creada en el año 1951 y ubicada dos años más tarde en la autopista caraqueña Francisco Fajardo, terminó imbricándose con el mito y transformándose en su núcleo figurativo. Como todo mito tiene, en primerísimo lugar, un fundamental trasfondo cultural colectivo, pero no ha desdeñarse el papel coadyuvante que llegó a desempeñar la dupla que conformaron en su momento el antropólogo Antolínez y el escultor Colina, el primero, registrándolo en tinta, el segundo, vaciándolo en concreto armado. La belleza singular y ubicación estratégica de la escultura contribuyó a la internacionalización de este fenómeno mítico, que llegó a acaparar las cabeceras del periodismo mundial, entre ellas la revista alemana Der Spiegel y la estadounidense Life. No son pocas las anécdotas sobre el descubrimiento primigenio de la efigie por los transeúntes, entre ellos, la de nuestra actriz central y en su momento, Le Corbusier, tal como relataba su hija, la soprano Aura Colina.

María Lionza es considerada por algunos autores como el mito fundacional de la nacionalidad, porque integra todos nuestros componentes étnicos primigenios: el indígena (jirajara, en este caso), el hispano y el afroamericano. No obstante, como todas las identificaciones culturales, este mito ha sido dinámico y cabe integrarlo como parte harto relevante de nuestra diversidad cultural, la cual se ha retroalimentado posteriormente con distintas migraciones europeas y latinoamericanas. Nuestras identificaciones culturales han sido múltiples y cambiantes y nada más pernicioso y peligroso que fosilizarlas. Pero tampoco cabe ninguna vergüenza étnica: ora hispánica, ora indígena, ora afroamericana, ora hibrida. Y María Lionza representa también el arquetipo junguiano de la Gran Madre, por lo tanto, constituye un fenómeno universal, trabajado con agudeza por la brillante psicóloga social Elizabeth Pazos.

Asunto aparte, ha sido la manipulación autoritaria, populista e ilegal del culto, el ícono pétreo y el mito, al modo más ramplón y estereotipante. Desde siempre, tenemos que hablar de venezolanidades en plural, y ahora más que nunca, con la emigración masiva de la población hacia otras latitudes y culturas. El mestizaje y las hibridaciones continuarán, que son lo más auténtico de los procesos culturales. El estado moderno es laico y debe respetar todos los cultos, pero no ha de promover ninguno, precisamente para proteger la libertad religiosa en particular y las libertades en general. Empero, este uso y abuso del tópico, no puede ser excusa para tirar el bebe con el agua del baño. La polarización se puede justificar plenamente en la acción política cuando se trata de resistir a las dictaduras, pero no puede extrapolarse irracionalmente a las representaciones sociales, y ligar lo que está desvinculado, o estrechar relaciones donde brillan por su ausencia.

María Lionza es considerada como la diosa y protectora de la naturaleza; dueña y guardiana de los bosques; señora de las aguas y protectora de los ríos. Desde la laicidad, cabe invocar la sabiduría indígena para vincularse con el entorno, en una educación ambiental que necesitamos de manera urgente. De manera perentoria, necesitamos que se detenga el ecocidio del Arco Minero, que paren las talas y las podas severas en las ciudades. En la sociedad democrática moderna que anhelamos y merecemos, este mito podría usarse como motivo para construir una ciudadanía ecológica.

Así pues, reanudando finalmente al tema central que nos ocupa, en este montaje, la expresión corporal de Valentina Garrido rezuma la concupiscencia de la Diosa, quien logra aparecer al final con el torso hermosamente desnudo, como en la autovía caraqueña. Hemos de decir que, por añadidura, el guion dramatúrgico de la obra es también de Valentina Garrido y contiene elementos incisivos y profundos, como nuestros dolorosos vacíos, que al final ocupa cualquier impostor. Y la idea de la estafa de la vida, cuando descubrimos que somos heideggerianamente, de manera inmanente, "seres-para-la-muerte" (Sein zum Tode).

Este 19 de septiembre de 2026 se presentó en la sala 6 de Teatro Líder, del Centro Comercial Líder. Entre paréntesis; fuimos invitados como nietos del escultor, la trabajadora social y psicoterapeuta gestalt, Luzmaya Colina, y quien escribe estas líneas. ¡Ojo avizor!: la obra se repite el próximo sábado 26, a las 7.30 pm. ¡No se la pierdan!

alt

 

 

 

 

 

 

 

 


blog comments powered by Disqus
 
OpinionyNoticias.com no se hace responsable por las aseveraciones que realicen nuestros columnistas en los artículos de opinión.
Estos conceptos son de la exclusiva responsabilidad del autor.


Banner
opiniónynoticias.com