Ulises, héroe traidor
Escrito por Dr. Ángel Rafael Lombardi Boscán | @lombardiboscan   
Sábado, 09 de Mayo de 2026 08:38

altEste artículo del historiador Ángel Lombardi Boscán desmitifica a los Libertadores, exponiendo sus ambiciones, vicios y el uso de la guerra como propaganda de Estado.


Para: Padre, una roca; un poema
 
 
Para ser héroe hay que ser defectuoso. Y con el ego del tamaño del cielo. Ulises, gran estratega y truhan. Su Caballo de Troya fue una bajeza. No respetó la tregua que existió. La Paz de los Afligidos. Su astucia es modélica desde entonces. La Razón de Estado, su corolario.
 
La justificación es la sustancia de la propaganda de Estado o de la élite bajo el peso de los pecados. Su agente más efectivo e implacable: la Historia. Si soy capaz de imponer mi narrativa sobre las otras: he triunfado. La veracidad muere sin sepelio. Los héroes defectuosos están libres de sospecha. 
 
Rafael Urdaneta, el gran héroe zuliano fue ludópata. Y un militar de éxito. Lo primero es indecible, incluso, una blasfemia. En descargo propio hay documentos que confirman ésta adicción. Algo por cierto bastante frecuente entre los Libertadores y su afición a las peleas de gallos.  
 
Los héroes suelen ser personas con un agujero negro en el ego. Enfermos crónicos de vanidad, solo atienden a su propia gloria. Miranda y Bolívar huyeron de un destino prosaico. No querían ser parte de los comunes: alfileres en una misma caja. Adictos a la "adrenalina histórica".
 
Hoy, sobreviven como fantasmas intachables. Modelos cívicos. Mitos patrióticos con la recarga vacía. Pactaron con la desmesura. Pactaron con el Diablo, señor soberano de la Vanidad, primer rebelde y príncipe de la libertad. Miranda se afanó en ser protagonista de la Historia y si no tenía éxito entonces con su “Diario” saldar la deuda.
 
Le han llamado pomposo derrotado y no sin razón. Chávez, sepulturero de la Democracia, fue otro miembro de esta misma cofradía. A Bolívar le fue un poco mejor. Ganó en la Guerra. Perdió en la Paz. En 1820, al igual que Ulises, se sirvió de una estratagema para ganar a los realistas.
 
El 1 de enero de 1820 ocurrió la Revuelta de Riego en Andalucía, España. Los militares se alzaron contra Fernando VII e inició el Trienio Liberal (1820-1823). Bolívar supo leer este golpe de la fortuna y no la dejó escapar. Boyacá (1819) y Carabobo (1821) fueron victorias madres sobre la Metrópoli ausente. 
 
Los 20.000 soldados acantonados en Sevilla sintieron alivio por el paso dado por sus jefes. “Hacer la América” era ir al encuentro de una muerte segura. No tanto por las debilitadas e irrisorias fuerzas guerrilleras y rebeldes de los llamados ejércitos republicanos, sino por el muy temido trópico con sus enfermedades y climas malsanos. 
 
En 1820, Morillo prácticamente desertó, sabía bien que sin refuerzos europeos la causa de la monarquía cedería. Bolívar, le invita a un pacto de caballeros con la firma de un Armisticio y un Tratado de Regulación de la Guerra en los meses últimos del año 1820.
 
Todo fue muy gallardo. Abrazos y brindis incluidos en el perdido pueblo trujillano de Santa Ana. Bolívar consiguió el reconocimiento del Estado de Colombia y ésta fue su gran victoria. Los liberales en España, ilusos y enfermos de ceguera crónica, creyeron que el mismo credo compartido apaciguaría los ánimos bélicos. La familia hispana, la europea y americana, pondrían punto final a su desencuentro existencial.
 
Ya mucha sangre se había derramado. Y no había vuelta atrás. La Torre sustituyó a Morillo. Bolívar no respetó el plazo del Armisticio y se anexó la Provincia de Maracaibo. Como Ulises, el éxito carece de reproches. 
 
Como el oportunismo es carta de identidad para evitar la mudanza de los privilegios y espantar reproches, los del Cabildo de Maracaibo, el 28 de enero de 1821, se pasaron al bando que en ese momento cantaba victoria. La Zulianidad es hoy una celebración también defectuosa. 
 
Un hombre equilibrado, con una vida familiar plena, sensato y prudente, rara vez quema las naves para saciar una ambición personalísima que sacrifica todo lo que ha labrado. Además, de evitar los consabidos daños colaterales entre los suyos.
 
En los libros de escuela, en que la Historia muta en hagiografía y comparte patio junto las enciclopedias de los más consagrados académicos, lo que son defectos terminan siendo virtudes. Así vemos a un muy inteligente Rufino Blanco Fombona justificando el genocidio del año 1813 luego del Decreto de Guerra a Muerte. 
 
O equiparar la soberbia suicida con el sacrificio abnegado en pro de un etéreo ideal que jamás pasó por la mente de la mayoría de los matarifes de la Independencia. La supuesta bondad y rasgos desinteresados de los Libertadores es una construcción ideológica de base infantil. 
 
Enaltecer la guerra heroica es hoy un exabrupto jurídico y una estupidez del tamaño de un rascacielos de Manhattan. La guerra sólo trae daño y muerte. 
 
Hoy en pleno siglo XXI las guerras son obsoletas como pulpería de carne humana. Los rusos en Ucrania no saben cómo reclutar a sus jóvenes que están en estampida y reviven a Maquiavelo con las tropas mercenarias. Batallones de drones y robots con forma humana es el próximo eslabón. 
 
Los mitos son necesarios siempre y cuando sepamos que son mitos. De lo contrario bebemos el veneno de una patología histórica con niveles de epidemia. El Poder en Venezuela, en su matriz piramidal más rancia, está contagiado de la epopeya bolivariana. 
 
Todo un pueblo en disonancia cognitiva. El señuelo es identificar lo popular mancillado en el presente con las viejas glorias de un pasado fastuoso reinventado. Y como el presente es terco en no corresponder con ese idilio de la imaginación: sencillamente lo negamos.  
 
Luego del 3 de enero de éste 2026, ya todo eso está en remojo. Habrá los consabidos controles de daños y la épica de la Independencia volverá a sostener a un Poder ignaro, aunque pícaro.  
 
Los Mesías latinoamericanos son una rémora del emperador azteca o del cacique selvático repotenciado por la Monarquía hispánica de los reyes sin tacha. 
 
Cuando pensamos que nos habíamos librado de todos ellos en el periodo de las libertades que supuestamente nos trajo la aurora de la Independencia se transmutó en caudillismo y presidencialismo. Reyes tropicales bajo una misma identidad de origen. 
 
Empezar a reconocer los defectos de los héroes broncíneos nos conviene más como sociedad sostenida por instituciones fuertes y autónomas. Porque si los “héroes” del presente no dan la talla: ipso facto deberían ser despedidos. 
 
La Virtus de la Antigüedad: Ulises la hizo añicos. Algunos como Virgilio y Dante le condenaron. Sólo que el imperio de los resultados premia al ofensor. 
 
Ulises, héroe y traidor. Ulises hermanado al Fergus Kilpatrick de Jorge Luis Borges. La humanidad es un espejo que se imita siempre así misma.  

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