Queen en Venezuela: una visita convertida en leyenda
Escrito por Luis Perozo Padua | X: @LuisPerozoPadua   
Sábado, 08 de Agosto de 2026 01:18

altLa Caracas de septiembre de 1981 olía a gasolina, concreto recién calentado por el sol y café servido a toda prisa en los bares del centro.

El tráfico avanzaba con la impaciencia característica de una ciudad que todavía vivía los años de la abundancia petrolera. En las vitrinas convivían televisores a color, equipos de sonido japoneses y discos importados que llegaban desde Londres, Nueva York o Los Ángeles. El rock ocupaba un lugar privilegiado entre los jóvenes venezolanos, que seguían con devoción las novedades internacionales gracias a la radio, las tiendas de discos y programas especializados como La música que sacudió al mundo, conducido por Alfredo Escalante.

Aquellos días, sin embargo, la ciudad respiraba una emoción distinta. No se trataba únicamente de la llegada de una banda famosa. Era Queen.

Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon llegaban a Venezuela en uno de los momentos más brillantes de su trayectoria. The Game, publicado el año anterior, había confirmado que el grupo podía reinventarse sin perder identidad. Canciones como Another One Bites the Dust, Crazy Little Thing Called Love, Play the Game y Save Me dominaban las emisoras del mundo, mientras la poderosa puesta en escena de Mercury convertía cada concierto en un espectáculo casi teatral.


La Reina aterriza en Venezuela

La noche del 22 de septiembre de 1981, el avión que transportaba a Queen aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Para los fanáticos venezolanos era un momento largamente esperado. No era común que las grandes bandas británicas incluyeran a Venezuela dentro de sus giras latinoamericanas, por lo que la presencia del cuarteto representaba un acontecimiento de dimensiones históricas.

El itinerario contemplaba cinco presentaciones consecutivas en el Poliedro de Caracas, entre el 25 y el 29 de septiembre. El moderno recinto inaugurado en 1974 ya había recibido importantes espectáculos internacionales, pero pocas veces había enfrentado una expectativa semejante.

Miles de personas comenzaron a llegar desde distintas regiones del país. Muchos emprendieron viajes de varias horas desde ciudades como Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, Mérida o Puerto Ordaz. Algunos llevaban semanas guardando sus boletos como si fueran un pasaporte hacia un acontecimiento irrepetible.

No se equivocaban.


Tres noches para la memoria

El viernes 25 de septiembre, las luces del Poliedro se apagaron y el rugido del público anunció el comienzo de una de las páginas más importantes del rock en Venezuela.

Freddie Mercury apareció dominando el escenario con la seguridad que lo caracterizaba. Brian May hizo sonar su inseparable Red Special con una precisión casi quirúrgica. Roger Taylor sostenía el pulso de cada canción con una energía desbordante, mientras John Deacon mantenía el equilibrio musical de una banda que funcionaba como un mecanismo perfecto.

Los asistentes recuerdan todavía el estremecimiento colectivo cuando comenzaron los primeros acordes de We Will Rock You, Somebody to Love, Killer Queen, Bohemian Rhapsody, Another One Bites the Dust y We Are the Champions. Cada tema parecía superar al anterior.

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La tercera presentación, realizada el domingo 27 de septiembre, dejó además una curiosidad que quedó registrada para la posteridad. En pleno solo de Killer Queen, Brian May rompió una cuerda de su célebre Red Special. Lejos de perder la compostura, cambió rápidamente de guitarra y continuó el concierto con la naturalidad de quien ha convertido la improvisación en un arte.

Aquella noche también incluyó un breve fragmento improvisado de Under Pressure, canción que aún no había sido publicada oficialmente como sencillo y que pocos días después comenzaría a conquistar las listas internacionales.


Queen también dejó una huella solidaria

Mientras miles de fanáticos llenaban las graderías del Poliedro de Caracas para presenciar uno de los espectáculos más importantes que había recibido Venezuela hasta entonces, la gira de Queen también tenía un propósito menos conocido. Parte de los ingresos obtenidos durante las presentaciones fue destinada al Hospital Ortopédico Infantil, una institución fundada en 1945 que desde hace décadas se dedica a la atención especializada de niños y adolescentes con enfermedades y lesiones del sistema musculoesquelético.

La decisión de vincular los conciertos con una causa benéfica respondía a una práctica relativamente frecuente en los grandes espectáculos organizados en Venezuela durante aquellos años, cuando promotores privados combinaban el entretenimiento con iniciativas de carácter social. En el caso de Queen, la presencia de una de las bandas más importantes del planeta sirvió también para generar recursos en favor de una institución que ya era referencia nacional en la atención pediátrica ortopédica.

Aunque el paso del tiempo ha privilegiado el recuerdo de las multitudinarias presentaciones de Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon, así como la cancelación de las dos últimas funciones tras el fallecimiento del expresidente Rómulo Betancourt, ese gesto solidario quedó relegado a un segundo plano en la memoria colectiva.

Sin embargo, forma parte de la historia de aquella visita. Más allá de los aplausos, los himnos del rock y las fotografías que aún sobreviven, la gira de Queen por Venezuela también dejó un aporte tangible para una institución que, durante décadas, ha cambiado la vida de miles de niños venezolanos. Ese es, quizás, uno de los legados menos difundidos, pero también uno de los más significativos de aquellos inolvidables días de septiembre de 1981.


El país se detuvo

Todo indicaba que la fiesta continuaría.

El lunes 28 de septiembre estaba prevista la cuarta presentación. Sin embargo, la noticia de la muerte del expresidente Rómulo Betancourt cambió completamente el panorama nacional.

El Gobierno decretó duelo nacional. Como consecuencia, las presentaciones previstas para el 28 y el 29 de septiembre fueron suspendidas.

Para miles de venezolanos aquello significó una profunda decepción. Numerosos fanáticos del interior del país tenían previsto viajar precisamente para esas últimas funciones. Algunos ya habían adquirido sus entradas; otros tenían reservados hospedajes o pasajes terrestres. Nunca pudieron ver a Queen sobre un escenario.

Paradójicamente, aquellas dos funciones inexistentes terminaron alimentando la leyenda de la visita. Durante décadas se repetirían historias de boletos jamás utilizados, viajes cancelados y sueños que quedaron suspendidos junto con los conciertos.


Alfredo Escalante frente a Freddie Mercury

Mientras el Poliedro vibraba con el paso de Queen, Alfredo Escalante consiguió lo que muy pocos periodistas latinoamericanos podían imaginar: entrevistar individualmente a Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon.

Escalante ya era una autoridad en materia de rock. Su credibilidad dentro del medio artístico le abrió las puertas para conversar con los integrantes de la banda durante su permanencia en Venezuela.

Pero fue la entrevista con Mercury la que terminaría convirtiéndose en una historia casi legendaria.

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Según recordó años después el propio periodista, decidió conducir la conversación en inglés. Mercury, en cambio, respondía en un español espontáneo y lleno de ocurrencias. El resultado fue una conversación donde ambos parecían hablar idiomas distintos incluso cuando utilizaban las mismas palabras.

Escalante siempre evocó aquel episodio con humor. Llegó a describirla como la peor entrevista de su carrera, no por culpa de Mercury, sino porque ninguno conseguía seguir con claridad el hilo de la conversación.

A ello se sumó un problema técnico inesperado.

Al concluir la grabación, el operador intentó retirar el casete del sistema de video y la cinta quedó atascada dentro del equipo. Durante varios minutos existió el temor de haber perdido para siempre una entrevista irrepetible.

Finalmente lograron rescatar el material, aunque parte de la imagen presentaba rayas e interferencias. Para hacer posible su transmisión, la producción recurrió a un recurso inusual: el actor venezolano Henry Soto dobló en español la voz de Freddie Mercury.

Así, una entrevista marcada por los malentendidos terminó convertida en una pieza singular de la televisión venezolana.


Mucho más que un concierto

La visita de Queen dejó algo más profundo que tres presentaciones memorables.

Representó el momento en que Venezuela demostró que podía formar parte del circuito de las grandes giras internacionales. Aquellos conciertos confirmaron la madurez de un público dispuesto a recibir espectáculos del más alto nivel y consolidaron el prestigio del Poliedro de Caracas como uno de los escenarios más importantes de América Latina durante aquella época.

Las fotografías, los boletos conservados como reliquias, las grabaciones que aún circulan entre coleccionistas y los testimonios de quienes estuvieron allí mantienen viva una memoria compartida que trasciende generaciones.

Cada cierto tiempo reaparece el relato de alguien que estuvo frente al escenario aquella noche y recuerda el instante exacto en que Freddie Mercury extendió el brazo hacia el público para dirigir un coro multitudinario. Otros evocan el sonido inconfundible de la guitarra de Brian May o el estruendo colectivo de We Will Rock You haciendo vibrar las graderías del Poliedro.

Son recuerdos que el paso del tiempo no ha conseguido borrar.

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La última ovación

Queen nunca volvió a Venezuela. Freddie Mercury moriría apenas diez años después, el 24 de noviembre de 1991, dejando una huella imborrable en la historia de la música. Sin embargo, durante tres noches de septiembre de 1981, Caracas fue una escala privilegiada en la trayectoria de una de las bandas más influyentes del siglo XX.

Y quizá la imagen que mejor resume aquella visita no sea la de un estadio repleto ni la de Mercury recorriendo el escenario con su característica energía. Tal vez sea aquella escena silenciosa en la que Alfredo Escalante formulaba preguntas en inglés mientras Freddie Mercury respondía en un español tan improvisado como entrañable. Dos mundos intentando encontrarse frente a una cámara que, pese a las fallas técnicas y los malentendidos, terminó preservando uno de los episodios más singulares de la historia cultural venezolana.

Porque algunas leyendas nacen entre ovaciones. Otras, curiosamente, comienzan con una conversación en la que nadie parecía entender al otro.

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