Ustedes me han enseñado a vivir
Escrito por Rodolfo Izaguirre   
Domingo, 15 de Marzo de 2026 01:29

altEstas son algunas de las palabras que pronuncié en un almuerzo en La Isabela, la acogedora casa de Faitha Nahmes:

cada vez que enfrento a un auditorio pienso que en las personas que lo integran hay algo que no saben.

La serena e inteligente manera como han sabido crecer y desarrollar una familia me ha enseñado a vivir porque también ellos y yo somos el país que amamos y anhelamos verlo regresar desde el lugar donde se encuentre. Las veces que voy al Trasnocho Cultural, concretamente a la estupenda Librería El Buscón para asistir al lanzamiento de un nuevo libro me sientan por amable deferencia en primera fila al lado de Rafael Cadenas y nos convertimos en la decrépita imagen de dos venerables patriarcas, en dos costosos pero inútiles jarrones chinos. Un día le susurré a Rafael: "¡A mí el que me llame patriarca le miento la madre!"

Recuerdo al nonagenario doctor Ernesto Tejera acosado en un cocktail por dos elegantes damas de nuestra  alta burguesía que le pedían por favor, que les confesara cuál era la clave de su asombrosa lozanía y envidiable juventud y Tejera, molesto por el asedio, se les quedó mirando y les dijo: "¡Hay que tirar, mijitas!". Tejera fue el primer Ministro de Sanidad y Asistencia Social en tiempos de López Contreras porque el General Gómez y ninguno de los posteriores mandatarios bolivarianos se interesaron por la salud venezolana y no crearon hospitales y mucho menos concentraciones escolares. Se interesaron por el contrario en hacerse millonarios robando y ejercitándose en el negocio de la política, del petróleo y del narcotráfico.

Tejera integró el equipo médico que atendió al tirano de Maracay el día de su muerte y fue él quien explicó que no fue posible un diagnóstico claro del cáncer de próstata que acabó con el Benemérito porque ¿quién le hace un tacto rectal a Juan Vicente Gómez?  Formó parte, también, del grupo de expertos que certificó la demencia de Diógenes Escalante el aclamado candidato para ser Presidente de la República después que se le oyó decir en el Hotel Ávila que le habían robado sus camisas o que salieron volando por las ventanas de la habitación.

El país político venezolano ha corrido con mala suerte: en 1908 Cipriano Castro tuvo que viajar a Alemania a operarse y no regresó nunca más porque su compadre Juan Vicente, al abrazarlo lo estaba condenando al exilio. Uno se pregunta ¿qué habría ocurrido con el país si Don Cipriano se opera aquí en lugar de irse para Alemania. O si a la desquiciada mente de Escalante no le roban las camisas o no tambalea la Democracia permitiendo que aparezca en el panorama un mediocre militar (1999-2013)y Cuba nos humille y zarandee como lo hizo de manera tan alevosa hasta que se quedó sin luz y sin gloria.

Yo insisto: el error mas grave cometido por el país venezolano ha sido no haber enterrado suficientemente al General Gómez porque los militares siguen vivos y al acecho, salen del cuartel vistiendo el uniforme de Gómez o con otro cuajado de medallas sin olvidar el arma de reglamento y se conectan con la sociedad civil solo para maltratarla y la democracia se pasma de pavor cuando ve a un militar mal encarado y desaparece. Por eso se dice que la democracia venezolana es lunar porque al igual que la luna aparece y desaparece, se comporta como los animales llamados lunares: el oso desaparece en invierno y aparece en primavera; las ballenas surgen del mar y desaparecen de inmediato para volver a aparecer y chapotear de nuevo en las aguas en permanente movimiento. Pero los militares en cambio ¡Aparecen, pero no desaparecen! ¡Allí están!
Sé que no resulta sano generalizar afirmando que todos los militares nos abrazan y empujan como Gómez a Cipriano. De acuerdo: no son todos, pero los que son no desaparecen y siempre están allí esperando una ocasión propicia para que les cojamos miedo.

Lo tuvimos con Marcos Evangelista y su aplastante Seguridad Nacional, luego con el innombrable e ignorante paracaidista que al morir, nos dejó a un delincuente colombiano apresado espectacularmente un tres de enero iniciándose en el país político una "transición" excesivamente lenta e indescifrable que al parecer nos está convirtiendo en un nuevo Estado Libre Asociado.

Si se me permite decirlo no me gusta para nada estar asociado con ningún otro país, mucho menos con el país de Donald Trump. 

Yo lo único que quiero como humilde venezolano que soy es que María Corina esté nuevamente entre nosotros y que el país vuelva a ser el que me vio nacer justo en el momento en que el actor húngaro Bela Lugosi, convertido en Dracula y en lo alto de su escalera en los Carpatos, cruza una inmensa tela de araña sin romperla. Es uno de mis privilegios: imaginar que la mano que meció mi cuna era la mano de Bela Lugosi.

A lo largo de nuestras vidas hemos disfrutado de momentos de jubilosa alegría, pero no permitamos que la nostalgia se apodere de nosotros porque la nostalgia es una trampa del tiempo para mantenernos anclados en el pasado y nosotros no somos el pasado. Nosotros somos el futuro porque somos ...¡el amor!


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