Vivir en el pasado
Escrito por Antonio José Monagas | X: @ajmonagas   
Sábado, 18 de Abril de 2026 04:46

altNada más conforme y justo que vivir en presente.

Particularmente, porque lo único que realmente pertenece al hombre es el tiempo. Aunque algunos dicen que “todo tiempo pasado fue mejor”. Sin embargo, tan despreocupada expresión, no tiene total validez ya que dicho aforismo tampoco hace ver que la vida antes era más insidiosa o menos calamitosa. Lo que sucede es que la gente tiende a olvidar momentos de ingrato contenido. Al menos, es lo que las realidades explican. 

El problema que tan flemática consideración puede revelar, pareciera ir de la mano de aquella referida a que “éramos felices y no lo sabíamos” para aludir tiempos atrás. O por el deseo de viajar en el tiempo animado por la nostalgia que provoca remembranzas de capítulos vividos sin que el visor de la inquisición política, económica o social pueda descalificar algún episodio propio del momento recordado. Esa es la frase empleada para argumentar razones que no del todo calzan con las realidades actuales. 

Por eso se escucha una especie de queja que se convierte en móviles que ayudan a retornar al pasado. Clamores como: “Si había delincuencia, no se notaba… Si había desempleo, no era del todo fulminante pues era posible dar con más oportunidades de trabajo… Si había corrupción, no era tan grosera o descarada como la actual… Si había colas, no era para comprar alimentos pues no existían mercados o tiendas desabastecidas tal como hoy…” 

 

Otra realidad

En esta disertación, vale dar cuenta que tan trilladas expresiones, encubren un agudo rechazo a los actuales momentos. No porque hay mucha vida en ellos. Pero sí, porque se cierran políticamente ante lo que desde el presente pretende desplegarse. O intenta esconderse, con el perverso fin de simular lo que no se tiene, lo que no es y lo que tampoco se puede. Pero que, en verdad debería ser. Naturalmente, a instancia de lo que la norma constitucional y las leyes orgánicas de la República determinan a favor de las libertades, de las garantías por las que debe velar el Poder Público, sobre el debido proceso institucional y el Estado democrático y social de Justicia y de Derecho. 

No obstante, las realidades se pintaron de otro color. Ahora, por causa de la pérfida indolencia y de la desvergonzada ineptitud de los actuales momentos, la realidad sucumbió ante las incidencias de políticas, problemas y conflictos internacionales que exigen un ejercicio político de respeto, tolerancia, solidaridad y responsabilidad. No sólo ante la sociedad a la cual se debe. También, ante el resto del mundo con el cual tiene suscrito acuerdos que exaltan y exhortan civilidad, moralidad y humanidad. 

Asimismo, por causa del atraso al que la intransigencia y la incapacidad arrastró la situación actual, el país se extravió entre medidas contradictorias elaboradas bajo la obstinación del poder político y económico. 

Además, el país se convirtió en un reducto de “ponchados”, resignados, aunque también de valientes y esperanzados. Aunque por tanto insulto y humillación, el país fue desplazado del camino hacia constreñidos espacios de desarrollo político, económico y social. En medio de realidades donde se subsiste sin derecho a comer debidamente. O a leer, comprar, vender, alquilar y disfrutar lo que cualquier venezolano pudiera y quisiera decidir. Al menos, el derecho a ejercer ciertas garantías y libertades de manera franca, no corrieron suerte. 

 

A manera de epílogo

Las realidades se vieron estancadas en entelequias que sólo han servido para justificar razones que siguen permitiendo hacer que se retroceda de forma progresiva. A pasos de perdedor. Igualmente, las coyunturas se empeñaron en retrotraer la historia nacional a condiciones absurdas. De ese modo se configuró la rémora de la cual se han valido las determinaciones para dar con incitar ideas inversas a objeto de mantener sujetas las realidades a condiciones extremas tanto de tortura emocional, como de contracción de la economía y las finanzas públicas. 

Por lo visto, revisado y analizado, puede inferirse que las circunstancias se desaforaron groseramente bajo el amparo de equivocadas suposiciones. Detrás de tan errado resultado, que ha deshonrado el ideario del Libertador Simón Bolívar, ha pretendido reivindicar un tiempo presente fundamentado en la maliciosa tentación de vivir en el pasado.


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