Hacer bien las cosas
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 27 de Abril de 2026 00:00

altLa decisión de reinstaurar el régimen de libertades se nos muestra cada día con mayor fuerza.

A estas alturas, se ha convertido en algo indetenible, determinante.

Hay evidencias que corroboran esta resolución. Desde el 3 de enero a la fecha, no ha habido la más mínima distracción o el surgimiento de ideas contrarias a este afán. En este sentido, no importa que el camino electoral esté lleno de escollos e incertidumbres. Lo importante es querer iniciar esta importante ruta.

En anteriores entregas hemos mencionado que este asunto no es nada sencillo. Al contrario, hemos sostenido que deben superarse una serie de dificultades para hacer las cosas como Dios manda. Por supuesto que, para ello, entre otras cuestiones, resulta imprescindible la integración de una nueva directiva del Consejo Nacional Electoral y la designación de idóneos funcionarios quienes, al fin y al cabo, llevarán adelante este anhelado proceso comicial. De otra parte, los cálculos más conservadores estiman alrededor de 3.500.000 votantes en el exterior. Como no hay consulados ni oficinas de representación suficientes, habría que echar mano a otras soluciones que permitan a estos compatriotas ejercer su derecho al sufragio. A este respecto, no descartamos llegar, si no se viola ninguna ley o reglamento electoral, a significativos acuerdos con otros países amigos y organismos internacionales, que nos podrían prestar o facilitar sus respectivas instalaciones ya que otras soluciones no son muy aceptadas por estos lares.

Insistimos en que hay que depurar el Registro Electoral Permanente, el famoso REP. Quién sabe cuánta gente aparece en este, sin llenar los requisitos necesarios. Y es que, de verdad, no sabemos a ciencia cierta cuántos somos. Además, ¿cómo vamos a inscribir nuevos electores que se hallan fuera del territorio nacional? Esto es algo engorroso, pero necesario precisar.

Hay que habilitar todos los partidos políticos. Metámonos en la cabeza que no hay democracia posible sin el soporte y la actuación de estas organizaciones. Su papel no puede, bajo ninguna circunstancia, ser obviado. Hay que asegurar – igualmente- la libertad de tránsito, de acceso a los medios de comunicación, la libre opinión, así como las garantías de reunión: las grandes o pequeñas asambleas y mítines no deberían realizarse luego de sortear cierres de vías, cortes de luz, suspensión del transporte público y demás obstáculos como fueron exhibidos en la campaña electoral del 2024.

Hay que hacer bien las cosas. Este pueblo no soporta más burla, desconsideraciones y engaños. El asunto electoral es delicado, complejo y laborioso. Por lo tanto, cuidado con caer en simplezas, en vagos ofrecimientos o en los “más o menos” a lo que somos tan proclives. Por fijar a troche y moche unas fechas para su realización, la gracia nos puede salir como una morisqueta. Es cierto que debemos desde ya comenzar a recorrer la ruta electoral. Todo lo anterior será muy plausible, sin embargo, seguiremos cojitrancos sino abordamos con seriedad el problema de los presos políticos. No hay elección que valga con gente injustamente guardada tras las rejas. En fin, debemos exigir nuestros derechos electorales. Por Venezuela, por nosotros, hay que hacer las cosas bien. Y no olvidar a aquellos que, desde su arbitrario encierro, no pueden decir ¡presentes!


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