Cleopatra no era egipcia
Escrito por Iesus Markanus   
Lunes, 27 de Abril de 2026 00:00

altCuando pensamos en Cleopatra, solemos imaginar a la última gran reina del antiguo Egipto, envuelta en símbolos faraónicos y asociada íntimamente con la tierra del Nilo.

Además  de su célebre romance con Marco Antonio como la más exótica de las historias de amor.  Sin embargo, su origen étnico dista mucho de ser egipcio. La Cleopatra histórica —Cleopatra VII Filopátor— pertenecía a la dinastía ptolemaica, una casa real fundada por Ptolomeo I Sóter, uno de los generales macedonios de Alejandro Magno. Esto significa que su linaje era predominantemente macedonio‑griego, no egipcio.

De hecho el nombre Cleopatra es de origen griego y significa “Gloria del Padre” (kleos pater), y lo llevo también la única hermana legítima del gran emperador macedonio, mujer de gran fama y poder en vida de su hermano.

Los Ptolomeos gobernaron Egipto durante casi tres siglos manteniendo una identidad cultural helenística muy marcada. Hablaban griego, vivían según costumbres griegas y practicaban una política matrimonial extremadamente endogámica para preservar su herencia macedonia. Cleopatra no fue una excepción: su padre, Ptolomeo XII, descendía directamente de esa línea griega, y aunque la identidad de su madre es incierta, la evidencia disponible apunta a que la reina era casi por completo de origen griego, con una posible pero no demostrada mezcla persa o sogdiana heredada de alianzas dinásticas anteriores.

Aun así, Cleopatra VII destacó por algo que la separó de sus antepasados: fue la primera de su dinastía en aprender la lengua egipcia y en adoptar de forma activa la iconografía y los rituales faraónicos. Este gesto no respondía a su origen, sino a una estrategia política brillante. Al presentarse como una faraona tradicional, reforzó su legitimidad ante un pueblo mayoritariamente egipcio que llevaba siglos gobernado por reyes extranjeros.

Su identidad, por tanto, fue doble. Étnicamente griega, políticamente egipcia, Cleopatra encarnó la fusión de dos mundos en un momento en que el Mediterráneo estaba cambiando para siempre. Su figura se convirtió en el último puente entre el Egipto faraónico y el mundo helenístico, justo antes de que Roma absorbiera el país tras su muerte.

Decir que Cleopatra “no era egipcia” no es negar su papel como última faraona, sino reconocer la complejidad de una mujer que supo reinventarse para gobernar un reino que no coincidía con su origen. Esa mezcla —de sangre macedonia y alma política egipcia— es precisamente lo que la convirtió en una de las figuras más fascinantes de la historia.

 

Cleopatra en Madrid

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Este sabado 26 de Abril se inauguró una gran exposición con cinco experiencias inmersivas sobre Cleopatra en el Madrid Artes Digitales, el segundo mayor de su tipo en Europa. Esta muestra pretende derribar muchos mitos y errores sobre la última faraona de Egipto, uno de ellos el aludido en el título del presente artículo.

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