Del combativo cocodrilo de la Universidad Simón Bolívar
Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj   
Lunes, 18 de Mayo de 2026 00:00

altTenemos a la mano un reportaje suscrito por Pablo Carreño Ydrogo para el diario El Universal (03/06/1971), sobre la necesidad de establecer criaderos artificiales de babas en el país

frente a la explotación irracional de la especie. El peligro de extinción no ha cesado, pero a diferencia de más de medio siglo atrás, hoy poco se sabe de la situación que padece el género animal y de las denuncias que puede suscitar.

Recientemente, reaparece un gallardo representante del orden de los Crocodylia en la sede de Sartenejas de la Universidad Simón Bolívar como símbolo de la ruina que ha alcanzado la casa de estudios. El cocodrilo se encontraba en la Piscina Olímpica como refugiado, por lo demás, un referente apestoso e inapropiado para él, ante la indiferencia de las autoridades rectorales con el animal, con los usuarios de la piscina y la piscina misma que costó algunos reales al Estado en su momento: por ello, la desolación que experimentó el lagarto en medio de la debacle.

Lo ideal es que lo hubiesen acogido en un sitio más apropiado para estudiarlo y garantizarle la vida misma que de un modo u otro pudo perder en la Piscina. Sin embargo, peor y más destartalado está el galpón de Biología que cuenta con la total negligencia de los interventores de la universidad que solo se preocupan por la jardinería del rectorado, aunque no han dado explicación alguna de la desaparición del Laberinto CromoVegetal de Carlos Cruz Díez, legítimo símbolo de la institución.

El lagarto Juancho en cuestión, por darle un nombre propio, está presente en el imaginario paisajístico venezolano, pero ahora adquiere una representación social que, por cierto, estuvo lejos de imaginar el insigne investigador Carlos Rivero, entrevistado por Carreño Ydrogo. Aquel es el denunciante por excelencia de la realidad del aula superior en Venezuela que obviamente ha olvidado el aporte de extraordinarios investigadores como Rivero, porque desaparece la memoria universitaria en la misma medida que se arruina la universidad venezolana.

Cocodrilos del mundo, ¡unios! Los hay más prehistóricos que ustedes en el solio rectoral de Sartenejas. 

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