La confianza también se construye
Escrito por Freddy Marcano | X: @freddyamarcano   
Martes, 11 de Agosto de 2026 00:00

altLas naciones no se reconstruyen únicamente con acuerdos políticos ni con mejores indicadores macroeconómicos.

La verdadera reconstrucción comienza cuando los ciudadanos recuperan la confianza para tomar decisiones sobre su propio futuro. Venezuela ha demostrado una extraordinaria capacidad de resistencia frente a años de incertidumbre política, deterioro económico y debilitamiento institucional. Sin embargo, el desafío de la etapa que comienza no consiste solamente en recuperar la producción o estabilizar la economía, sino en reconstruir el activo más valioso para cualquier sociedad democrática: la confianza. Sin ella, ninguna transición podrá consolidarse ni convertirse en bienestar para la población.

La economista María Josefina Mas recuerda una de las máximas fundamentales de la teoría económica: a mayor riesgo, mayor rentabilidad potencial; a menor riesgo, menor ganancia esperada. Este principio explica el funcionamiento de las inversiones, los mercados y las decisiones empresariales. No obstante, esa lógica solo es sostenible cuando el riesgo puede identificarse, medirse y administrarse dentro de un marco institucional estable. Cuando predominan la incertidumbre política, la falta de información y la volatilidad de las reglas, el riesgo deja de ser una variable económica para convertirse en una barrera que paraliza decisiones. Daniel Kahneman y Amos Tversky demostraron que, en esas circunstancias, las personas suelen otorgar más importancia a la posibilidad de perder que a la oportunidad de ganar. La consecuencia es una economía que se mueve más por el temor que por la confianza.

Durante años, el ciudadano venezolano ha aprendido a convivir con esa incertidumbre. El pequeño comerciante duda antes de ampliar su negocio; el productor agrícola posterga nuevas inversiones; el profesional evalúa si permanecer en el país o buscar oportunidades en el exterior; el joven emprendedor calcula no solo los costos financieros de su proyecto, sino también los riesgos derivados de un entorno institucional cambiante. Cada una de esas decisiones individuales termina configurando el comportamiento económico de toda la nación. La economía deja entonces de ser un asunto reservado a especialistas para convertirse en la suma de millones de decisiones condicionadas por la percepción que la sociedad tiene sobre su futuro.

La reconstrucción de Venezuela exige comprender que el empresario, el emprendedor y el ciudadano no ocupan posiciones distintas dentro del proceso de desarrollo: son parte de un mismo tejido social y económico. Ningún país prospera cuando el éxito de uno se interpreta como el fracaso del otro. El emprendedor genera innovación, el empresario crea empleo y el ciudadano fortalece el mercado con su trabajo, su consumo y su capacidad de participar activamente en la vida democrática. Separar esos tres actores ha sido uno de los errores más costosos de las sociedades polarizadas. Integrarlos en un proyecto nacional constituye una condición indispensable para recuperar la productividad, atraer inversiones y reconstruir el capital social que toda democracia necesita.

La confianza tampoco se decreta. Se construye a pulso a través de certeza, esfuerzo y compromiso; es decir, con acciones claras y constantes,  mediante instituciones que inspiren credibilidad, la aplicación de normas estables que permitan planificar el futuro y políticas públicas que garanticen transparencia, seguridad jurídica e igualdad de oportunidades. La experiencia internacional demuestra que las economías más dinámicas no son necesariamente las que poseen mayores recursos naturales, sino aquellas donde existe certeza sobre las reglas del juego. El capital busca estabilidad, pero también lo hacen el trabajador que aspira a progresar, el profesional que desea regresar al país y el joven que sueña con desarrollar su proyecto de vida sin tener que emigrar. La confianza, en consecuencia, deja de ser un concepto abstracto para convertirse en el principal motor del crecimiento económico y de la cohesión social.

Venezuela necesita avanzar hacia un gran acuerdo nacional cuyo objetivo trascienda la recuperación de los indicadores económicos y coloque a la persona en el centro de la reconstrucción democrática. Ese acuerdo debe reconocer al ciudadano, al emprendedor y al empresario como aliados estratégicos de un mismo proyecto de país, sustentado en la libertad económica con responsabilidad social, la transparencia institucional, la seguridad jurídica, la educación para la innovación y la participación activa de la sociedad en la definición de su futuro. Desde una visión socialdemócrata y liberal-social, el desarrollo no consiste únicamente en producir más riqueza, sino en generar confianza suficiente para que esa riqueza se traduzca en oportunidades, movilidad social y bienestar compartido. Cuando una sociedad vuelve a confiar en sus instituciones y en sus propias capacidades, deja de administrar la incertidumbre y comienza, finalmente, a construir su porvenir.

IG, X: @freddyamarcano

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