La ONU es necesaria
Escrito por Trino Márquez C. | X: @trinomarquezc   
Jueves, 24 de Septiembre de 2026 00:45

altLa Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que se reúne actualmente en Nueva York, transcurre en un ambiente de escepticismo e incluso conspiración contra el foro mundial creado luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

El asedio de Trump contra la Corte Penal Internacional (CPI) forma parte de esa campaña. El temor a que la ONU sea atacada hasta llevarla a la aniquilación es tan grande, que el secretario general, Antonio Guterres, en el discurso inaugural de la conferencia advirtió que se corre el serio riesgo de que se fragmente en dos grandes pedazos, que agrupen a naciones sin ningún interés en alcanzar acuerdos en torno de problemas globales cruciales.

Los principales responsables de esa embestida son Donald Trump y Vladímir Putin, dos personajes que se han propuesto acabar con el orden mundial, redefinir el mapa institucional planetario y crear un nuevo esquema en el que ellos sean los dos hegemones. La China dirigida por Xi Jinping, más astuta y cautelosa, observa con atención lo que está ocurriendo. Actúa como un factor de moderación frente a ese par de sujetos desbocados. Sabe que, en el mediano plazo, la mesura podría convertir a China en la principal potencia unificadora internacional.

Las constantes agresiones y el desconocimiento de la ONU se producen en una fase del planeta en la que se extinguió el optimismo que nació después de la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, luego de finalizada la Guerra Fría, cuando implosionó la Unión Soviética y se derrumbó el socialismo en Europa del Este; y en China, Vietnam, Laos y otros países asiáticos se impulsaron las reformas de mercado, que modernizaron a esa sociedades, permitiendo aumentar la productividad e impulsando que centenas de millones de personas salieran del umbral de la pobreza. En esta fase, parecía que sería posible que el mundo sobreviviera a pesar de las diferencias políticas, ideológicas y culturales.

Esa visión optimista ha venido cambiando durante las dos últimas décadas, con el refortalecimiento de los regímenes autoritarios que pisotean los derechos humanos, ignoran la voluntad popular, colonizan el Poder Judicial y, una vez instalados en el gobierno, utilizan todo el poder del Estado para eternizarse en el poder.

En la actualidad, la humanidad enfrenta problemas cada vez más globales que reclaman el diálogo, la concertación y los acuerdos entre las naciones. El recalentamiento global y el cambio climático, por ejemplo, no podrán enfrentarse de forma exitosa sin acuerdos multilaterales. Ningún país por sí solo está en capacidad de resolver ese reto, a pesar de que internamente adopte medidas amables con el medio ambiente. El desarrollo de la inteligencia artificial (IA) está planteando desafíos que solo podrán encararse de forma conjunta. La IA deberá estar sometida a normas y regulaciones que eviten los enormes riesgos que ya, en su etapa inicial, están avizorándose. No puede aceptarse que las ansias expansionistas de un mandatario y la corte que lo rodea, pongan en peligro la sobrevivencia de una nación e, incluso, del género humano. A este extremo se ha llegado con la posibilidad de construir armas de destrucción masiva con el uso de IA. Este temor no es catastrofista. Ya los creadores de la firma Anthropic —de las más importantes del área— lo han advertido. La digitalización del sistema financiero global obliga a fortalecer los acuerdos internacionales existentes, con el fin de evitar que la corrupción sea universal y goce de total impunidad. Lo mismo ocurre con los acuerdos en materia de derechos humanos. Hay que tratar de impedir que los crímenes de lesa humanidad, los genocidios y las torturas masivas queden sin castigo.

No dudo de que la ONU padece de serias deficiencias que explican las dudas y sospechas que existen acerca de su funcionamiento. El burocratismo constituye uno de los factores que la enlentecen y la hacen ineficaz y costosa. Sin embargo, colocar la causa de las dificultades en la propia organización representa un error. Los grandes países que la integran, los que más aportan al fondo que la mantiene —entre ellos los Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad— son los verdaderos responsables de ese funcionamiento tan precario. Esas naciones no se interesan por proponer y aplicar las reformas que convertirían la ONU en un organismo más competente. 

El Consejo Permanente (P5) —compuesto por China, Estados Unidos, Rusia, Francia e Inglaterra— debería ampliarse para darle cabida a naciones emergentes como India, Turquía, Brasil, México y Sudáfrica, por ejemplo. Es absurdo que las decisiones se adopten en ese cuerpo de forma unánime. Lo más sensato es que se amplíe y las disposiciones se adopten por mayoría, que podría ser calificada. El actual funcionamiento del Consejo constituye uno de los factores que más entorpece la marcha de la ONU.

A los funcionarios de la ONU hay que exigirles que presenten un plan integral de reforma. Probablemente ya lo diseñaron. A partir de esa propuesta, la organización tendría que instrumentar las modificaciones más convenientes. Es la mejor manera de salvarla. La ONU es necesaria,

@trinomarquezc


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