Votar con un pañuelo en la nariz
Escrito por Juan Guerrero | X: @camilodeasis   
Viernes, 12 de Abril de 2024 00:00

altHoy Maduro y su partido están más propensos a ser derrotados electoralmente que en otros momentos. 

Cualquier candidato identificado como “opositor” estaría en capacidad de salir victorioso en las elecciones previstas para este 28 de julio en la Venezuela de la diaria incertidumbre.

El partido oficialista que apoya al régimen y sus aliados ideológicos, tendrán que acostumbrarse a ser la primera mayoría de la nueva oposición, pero también el nuevo oficialismo deberá aceptarlos como fuerza política opositora. Ese es el juego político en las sociedades democráticamente adultas.

Indudablemente que el poder que detenta el régimen, tan abismal y totalitario, no podrá ser cambiado de un día para otro. Sin embargo, ya la obtención del poder político centralizado en Caracas y específicamente en el palacio de Miraflores, tendría un efecto inmediato de cambio que supondría ir desde el poder Ejecutivo, descendiendo hasta los más apartados rincones del escenario político-administrativo del Estado. En cada una de estas estructuras existe una “alcabala” en la cual se deben iniciar conversaciones para establecer acuerdos. Una de esas paradas políticas está en la institución militar, clave para la estabilidad del Estado y la sociedad.

Por eso hablar de “transición” no es solamente establecer acuerdos entre fracciones opositoras (en este caso parece que son necesarias y hasta más apremiantes), sino llegar a puntos concordantes con el poder real (económico-financiero y militar) donde éstos tengan garantías, tanto para sus vidas, bienes, como también para su grupo de afectos ideológicos y familiares. 

La actual coyuntura política venezolana –que experimenta un delicado proceso electoral- es de vital importancia para la dirigencia opositora en general; pues tendrán necesariamente que estar dispuestos sus dirigentes a ceder ante el poder parapermitir que la sociedad en su conjunto, participe del acto electoral y pueda encontrar en un “candidato unitario” la opción real de cambio. Si esta figura puede, finalmente, encontrarse en el liderazgo de, María Corina Machado, sería lo deseable. Pero también podría estar en cualquier otro, como Corina Yoris, Edmundo González Urrutia o Manuel Rosales Guerrero.

El régimen está ejerciendo su poder tal como se hace en tiempos de control absoluto de las instituciones; lo aborda y ejerce desde el totalitarismo, la arbitrariedad y la fuerza. No debe esto extrañar a quienes políticamente se enfrentan a grupos de control social después de 25 años de esta anormalidad que impera en Venezuela.

El objetivo, el norte, el enfoque de las estrategias para obtener la victoria está en identificar al “enemigo político”: Nicolás Maduro. Buscar líneas de comunicación con el poder, establecer acuerdos pragmáticos para una “transición progresiva” que deje a un lado los emocionalismos, el tóxico infantilismo político que hace tanto daño y que tanta sed de venganza acumula entre los grupos opositores radicalizados. Es verdad que los crímenes cometidos contra seres humanos y el patrimonio público y privado son un tema sensible, doloroso y traumático. Pero el “momento actual” debe enfocarse en la estrategia unitaria que permita sumar partidos y grupos políticos, organizaciones sociales, sindicales, académicas, artísticas, deportivas, entre un inmenso mar de voluntades que den como resultado, la sumatoria de votos en favor del candidato unitario.

Fuera del acto de votar/elegir no existe otra opción que aquellos ensayos ya tristemente probados y fallidos de años dolorosos, donde la sociedad salió derrotada y frustrada. Votar es la aspiración de la mayoría de la sociedad venezolana, por más vicios que se arrastren y por más trampas que pueda inventar el poder totalitario.

El escenario electoral de la Venezuela actual no es para líderes ni dirigentes políticos “químicamente puros” ni tampoco para votantes ingenuos ni angelicales. El “ahora” de la política venezolana es para quienes necesitamos sobrevivir a costa de arriesgarlo todo, echar el último aliento para lograr el tan anhelado cambio político y alcanzar vivir en un espacio geográfico semejante a eso que llaman “normalidad social”, donde la cotidianidad tenga sentido y razón de vida.

Frente a un poder que traiciona, amedrenta, coacciona y no deja de imponer su arbitrariedad, debe presentarse un candidato, tan o más osado que Maduro: ambicioso, duro, frontal y a la vez calculador, incluso que sepa “nadar en aguas semejantes” y oscuras del inframundo político. En pocas palabras; si hay que descender al mismo Infierno para derrotar a Maduro pues habrá que hacerlo y quienes lo apoyemos votaremos por él, aunque lo hagamos con un pañuelo en la nariz.

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