La falta absoluta de Maduro la decretó el Gobierno
Escrito por Trino Márquez C. | X: @trinomarquezc   
Jueves, 30 de Abril de 2026 01:20

altEl régimen presidido por Delcy Rodríguez se apoya en un dictamen del TSJ -que calificó la falta de Nicolás Maduro al frente del Ejecutivo,

a partir del 3 de enero, como ‘ausencia forzosa’- para intentar eternizarse en el poder. Mientras no sea calificada la falta de Maduro de ‘absoluta’, Art. 233, no existirán razones jurídicas para convocar elecciones con el fin de elegir el nuevo Presidente de la República. El razonamiento de la ponente, magistrada Tania D’Amelio, es sencillo: Maduro fue obligado por una fuerza extranjera a abandonar la presidencia de la República, circunstancia que no está contemplada en la Carta Magna. Por esta razón, no procede su sustitución al frente del Gobierno Nacional hasta que todo se aclares o venza el sexenio iniciado el 10 de enero de 2025.

En medio de este vacío legal, el Gobierno puede diferir la convocatoria a los comicios presidenciales de forma indefinida. Por lo tanto, hay que sacar el debate de ese limbo. Conviene ver cómo se comporta el régimen en la práctica. Analizar la forma concreta en la que actúa. Aplicar el viejo y sabio principio según el cual no hay que juzgar a una persona, o en este caso a un gobierno, por lo que dice, sino por lo que hace; por la forma como actúa. Si nos atenemos a esta pauta, desde la extracción de Maduro, los dirigentes del oficialismo que los sustituyeron se convirtieron en sus verdugos. Han tratado de borrar su imagen y la del comandante Hugo Chávez. La sombra de Maduro les resulta incómoda. Perjudicial.

Delcy Rodríguez no toma ninguna decisión ejecutiva invocando el nombre del mandatario depuesto. Se espera que el comportamiento del gobernante interino esté alineado con el estilo del titular del cargo. Rodríguez cambió a gran parte del Gabinete que acompañaba a Maduro, colocando en esas carteras a personajes que le son cercanos o simpatizan con ella. Una de las cabezas que rodó en las primeras semanas fue la de Vladimir Padrino López, el eterno ministro de la Defensa, soporte clave del exgobernante. Luego fueron decapitadas otras figuras importantes asociadas con Maduro. Ernesto Villegas y Mario Silva, de la fuerza de choque de su aparato comunicacional, salieron eyectados.  El fiscal general Tarek William Saab, cómplice de las arbitrariedades de Maduro, fue defenestrado. El TSJ se encuentra en pleno proceso de reestructuración para depurarlo de sus elementos más maduristas.

En un plano más general, Delcy Rodríguez se acopló a los intereses de Estados Unidos, enemigo acérrimo de Maduro. La embajada norteamericana se abrió luego de más de siete años de cerrada. Donald Trump se deshace en elogios acerca del comportamiento sumiso de Rodríguez. Los capitales norteamericanos fluyen hacia Venezuela para instalarse en el área petrolera. Lejos quedaron las viejas consignas que proclamaban la independencia de Pdvsa con respecto a los capitales extranjeros. Ahora toda la industria se encuentra bajo la tutela del imperio.

Ya nadie se acuerda del Estado comunal, proyecto del que tanto le gustaba hablar a Maduro. Que desempolvaba de vez en cuando para honrar la memoria de Chávez y congraciarse con los sectores más radicales del oficialismo. Lo mismo ocurre con el socialismo. Ninguna figura del alto Gobierno se vincula con ese modelo, que durante muchos años fue el anhelo más buscado del chavismo madurismo. Ahora, el protagonista estelar de la recuperación económica de Venezuela, de acuerdo con la proposición de Trump, es la empresa particular. El capital privado, tanto nacional como foráneo.

Todo el proyecto ideológico y político que Maduro exaltó, siguiendo las enseñanzas de Chávez y sus maestros cubanos, se vino a pique. De ese ideal, que mezclaba el marxismo con el nacionalismo y el populismo, no queda nada. Los nuevos planes del grupo gobernante se dirigen a complacer las demandas que el centro imperial le impone a la obediente colonia.

Lo único que persiste casi sin modificaciones es la maquinaria represiva, atenuada por la presencia de la embajada norteamericana, la aprobación de la moribunda Ley de Amnistía y la urgencia que siente la élite gobernante de distanciarse un poco del perfil represivo tan marcado de la tiranía impuesta por Maduro después del escandaloso fraude del 28 de julio de 2024.

Lo que Delcy Rodríguez y el equipo que la acompaña les proponen a Venezuela nada tiene que ver con las ejecutorias e ideas de Maduro. Su visión del funcionamiento de la economía, de la relación entre el sector público y el privado, de la participación del capital privado, nacional y extranjero, en la vida nacional, se encuentran en las antípodas de lo que hacia Maduro. Entre Delcy Rodríguez y Maduro no hay solución de continuidad, sino ruptura. Cambio radical.

Entonces, fue Delcy Rodríguez quien decretó la ausencia absoluta de Maduro. No importa lo que diga el TSJ. Frente a este hecho evidente e incontrastable hay que convocar elecciones cuanto antes para reinstitucionalizar el país y permitir que Venezuela retorne a la normalidad que necesita. La oposición y la sociedad civil deben asumir el reto de lograrlas.

@trinomarquezc

          


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