Legitimidad o ingobernabilidad en Venezuela
Escrito por Alfredo Mago | X: @ElQuijote19   
Martes, 26 de Mayo de 2026 00:00

altLa aparente normalización burocrática de Caracas bajo la gestión de Delcy Rodríguez es un equilibrio precario.

Quienes hoy administran los restos del aparato estatal operan con una aprobación civil muy baja. En contraste, la demanda de una convocatoria presidencial para este 2026 tiene alrededor del 87% de la población. Esta diferencia muestra que la precariedad institucional está divorciada de la base social. Cada mes que el triunvirato gobernante demora el cronograma oficial acumula presión ciudadana.

La sociedad venezolana no exige el sufragio como un mero ejercicio formal. Lo identifica, en cambio, como la única válvula de escape pacífica a la actual crisis de legitimidad. Frente a este clamor, la narrativa oficialista intenta imponer un muro de Inoperatividad técnica. Argumentan con la depuración del padrón o el registro de migrantes que requieren plazos extendidos. Sin embargo, esta defensa confunde la complejidad logística con la falta de voluntad política. Si el Parlamento de Jorge Rodríguez posee celeridad para aprobar leyes de control institucional, posee la misma capacidad política para priorizar y convocar el cronograma electoral. La postergación táctica de las urnas hacia el año 2027 no enfriará el descontento popular; por el contrario, clausurará de manera definitiva la última vía transitable de resolución civil. Mientras tanto, el capital político movilizado por María Corina Machado permanece intacto. Esta energía social no se disipa en la apatía; se concentra bajo la premisa de votar. Por ello, el margen de maniobra para el interinato se estrecha en el tablero internacional. Demorar los comicios debilita el reconocimiento externo y congela inversiones urgentes.

La ventana óptima de resolución se ubica nítidamente en el último trimestre de 2026. Fijar la fecha entre octubre y diciembre ofrece el tiempo técnico para auditar el sistema. Este lapso permite organizar el proceso sin comprometer la estabilidad social de mediano plazo. Intentar prolongar el statu quo mediante el TSJ o el CNE romperá el frágil pacto de convivencia. La gobernabilidad no se construye con decretos de emergencia ni demostraciones de fuerza militar. El poder real emana del refrendo popular; prescindir de él es administrar un vacío creciente. Venezuela se encuentra en una disyuntiva donde el aplazamiento ya no es opción táctica.

La elección de 2026 es el único puente hacia una transición ordenada con certidumbre jurídica. Este hito es la única vía para evitar un nuevo ciclo de conflictividad social abierta. Cerrar ese puente implica asumir la responsabilidad de empujar al país a la ingobernabilidad.

La legitimidad de una nación no se negocia a puerta cerrada en despachos ministeriales; se convalida de forma transparente, auditable y soberana en la determinación de las urnas.


blog comments powered by Disqus
 
OpinionyNoticias.com no se hace responsable por las aseveraciones que realicen nuestros columnistas en los artículos de opinión.
Estos conceptos son de la exclusiva responsabilidad del autor.


Videos



Banner
opiniónynoticias.com