Venezuela: Un país del siglo XIX
Escrito por Trino Márquez C. | X: @trinomarquezc   
Jueves, 10 de Septiembre de 2026 00:00

altLa patética crisis en el área de los servicios públicos e infraestructura que atraviesa Venezuela, muestra una nación que está quedando marginada de la modernidad.

El deterioro se observa por todos los flancos.

La electricidad desaparece en grandes zonas del país durante varias horas todos los días. La gente en estados como Barinas, Sucre y Zulia se ha visto obligada a incorporar esas fallas a su cotidianidad. Los pobladores saben que durante un largo período no podrá encender las luces de su casa, las neveras y congeladores no funcionarán, y las operaciones bancarias no podrán ejecutarse. Lo mismo sucede con el agua. Colocar el valioso líquido en los hogares, las oficinas públicas y privadas, en los hospitales y clínicas parece una proeza propia de los antiguos romanos.  Las carreteras y autopistas parecen trochas o caminos vecinales. En todo el largo ciclo que el chavismo ha gobernado no ha podido culminar, por ejemplo, la autopista hacia el oriente de Venezuela. El retraso en la construcción de esa vía, fundamental para el desarrollo integral de la nación, rompió todos los récords de incompetencia imaginables.

El colapso de los servicios públicos se suma a la destrucción de Pdvsa y al envilecimiento de la gerencia en los organismos oficiales. La Administración Pública fue corrompida porque el Estado -de acuerdo con la concepción de los jerarcas del régimen- no debía guiarse por los principios del buen gobierno y la meritocracia. Lo más importante era que los altos y medianos cargos respondiesen a la lealtad con el Gobierno y las directrices del PSUV. La meta consistía en crear una ‘ideocracia’ fiel a los principios del proyecto de cambio socialista. Como la lealtad incondicional y el fanatismo son enemigos de la eficiencia y la eficacia, los organismo públicos en su inmensa mayoría -empezando por los ministros, viceministros, presidentes y directores de empresas- han sido dirigidos por personas sin conocimientos especializados ni compromisos con los ciudadanos.

Venezuela no ha llegado a la miseria de Cuba porque ha contado con petróleo y porque cuando Hugo Chávez arribó al poder estaba en un punto más alto en la escala del crecimiento que la isla caribeña. De no haber sido por esta circunstancia, hoy estaría todavía más arruinada que el territorio cubano.

A pesar del esfuerzo del Rodrigato por alejarse o ignorar el discurso del socialismo del siglo XXI, que los seguidores de Chávez y Nicolás Maduro izaban hace tres décadas, y continuaron enarbolando durante muchos años, hay que recordarles a los hermanos Rodríguez y a Diosdado Cabello que el socialismo que ellos defendían y proponían, destruyó a Venezuela. No hubo área que quedase librada del aniquilamiento: desde las empresas del Estado hasta la salud y la educación. Los terremotos del 24 de junio parecen una metáfora de lo sucedido durante el largo ciclo iniciado por Chávez en 1999.

Que hoy la casta gobernante pretenda esconder el discurso socialista para entregarse con armas y bagajes a Estados Unidos y los grandes capitales petroleros norteamericanos, no los libera de la responsabilidad que tienen en la ruina nacional. El olvido interesado de su reciente pasado ideológico marxista y sus afinidades con el régimen cubano, no los exonera de su culpa ni atenúa su responsabilidad en el colapso nacional.

Venezuela padece de carencias propias del siglo XIX, solo que estamos en la era de la revolución digital, la globalización de la economía y el despliegue de la inteligencia artificial, que abrió nuevas fronteras en el conocimiento y las aspiraciones de la humanidad.

Que un país con el potencial hidroeléctrico  de Venezuela -con varios de los ríos más caudalosos del continente- y con la inmensa riqueza que posee, esté acosada por los problemas y carencias que la cercan, evidencian el fracaso estruendoso de un proyecto que prometió refundar la República con el fin de  hacerla más democrática, igualitaria y amable con sus pobladores. La realidad que se constata después de tres décadas es la de un país hundido en la miseria prevaleciente en la nación después de la Guerra de Independencia y la Guerra Federal.

De esta ruina solo podrá salirse con un nuevo gobierno electo democráticamente, capaz de encarnar las aspiraciones de unos ciudadanos que desean participar en la reconstrucción nacional.

Tres décadas de martirio socialista han fortalecido la fibra de los venezolanos, quienes hoy están preparados y suficientemente maduros para participar en el proceso electoral que debe ser convocado lo más pronto posible. No hay ninguna excusa para mantener a los venezolanos viviendo como si nos encontrásemos en el siglo XIX.

@trinomarquezc 

 


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