Invocar a “San Alumbrón”
Escrito por Antonio José Monagas | X: @ajmonagas   
Sábado, 03 de Octubre de 2026 19:26

altLas desgracias administradas por religiosos, devotos y seguidores del devastador socialismo, convirtieron a Venezuela en una triste paradoja del desarrollo.

O en la negación del crecimiento. Hasta los más correligionarios gobierneros, reconocen los estragos que toda crisis es capaz de provocar. Más, porque de sus consecuencias no escapa nada.

Los problemas que en los más recientes tiempos se han desatado, no son fortuitos. Buena parte, fueron instados. Aunque de ello no debe decirse mucho pues a sus rabiosos adeptos no les agrada el comentario público de tan controvertida situación.

El problema que por estos tiempos afecta todo con los contínuos cortes del servicio de electricidad, hace revivir el denominado “apagón” que en 2019 trastoca a Venezuela. Se debió al largo corte de electricidad suscitado desde el jueves 7-M -pasadas las cuatro de la tarde- hasta entrado el día martes 12-M. El mismo, dejó a casi todo el territorio nacional sin servicio eléctrico durante cinco días continuos. No sólo sirvió al régimen para enterrarse más a fondo en el subsuelo a consecuencia de los múltiples errores que bien administraba. También le valió el impulso para continuar radicalizando decisiones que -actualmente- atosigan al país sin medir efectos que luego busca resarcir a “golpe y porrazo”.  

Tan problemática situación, pareciera seguir sin entender que la administración de gobierno está atorada. O peor aún, sin posibilidad alguna de remediar nada por la misma desvergüenza con la cual ignora exigencias que claman libertades políticas, económicas y sociales y los derechos del hombre. Es decir, la institucionalidad que cimienta el ordenamiento jurídico cuyo contenido se arroga de manifiesto la Constitución de la República para dictaminar lo que define como “Estado democrático y social de Justicia y de Derecho”.

La administración de cargas que coordina Corpoelec o, mejor dicho, los actuales cortes repentinos de electricidad, para nada se conduele de los problemas que generan a todo lo largo y ancho de la vida nacional. El argumento vociferado por el gobierno central, revela un descocado conocimiento que raya en el pusilánime desconocimiento de los axiomas, postulados y teorías sobre las cuales se erigen los principios básicos de la física racional. O criterios postulados de electrostática, relatividad, electromagnetismo, termodinámica, entre otros ámbitos supeditados al campo de la Ingeniería Eléctrica y sus áreas de incumbencia tecno-operacionales.  

Aunque la sociedad venezolana no ha dejado de verse afectada por interrupciones, cesasiones, paralizaciones o dicho más coloquialmente, imprevistos cortes de luz, no hay forma de que el alto gobierno se dispense por las consecuencias generadas en la economía, la educación, los medios de comunicación y en la vida familiar.

¿O acaso es que este tipo de inconveniente, por acción del desparpajo populista y demagogo, lo convirtieron en un rutinario ejercicio de entumecimiento para una administración gubernamental cuyos intereses llevan a mostrar que en su hecho está la mejor manera de demostrar indiferencia e impudor hacia la población? ¿O es que la revolución bolivariana ha sido tan efectiva y rápida, que obvió el conocimiento sobre el cual se yergue la ciencia y la tecnología? ¿Incluso, las humanidades y las artes? Entonces para qué, ¿o por qué tanto ruido, cuando el alto gobierno pronuncia sus discursos apuntando el objetivo central de “arreglar los problemas que han dado pie a las vigentes crisis"?  

Estas consideraciones, son las que motivan intitular esta disertación “San Alumbrón” pues si bien suena a expresión humorística, no es mentira que hay quienes lo invocan para que regrese la luz.

También está el problema del inoperante servicio de agua, de telefonía, de gas doméstico, de medicamentos, alimentos, sigue castigando al venezolano de escasos recursos. Pero, sobre todo, en lo que se refiere a la “convivencia ciudadana”. Resulta contradictorio observar cómo la avidez por enriquecerse a costa del sufrimiento del otro, ha determinado la barbarie que convirtió a Venezuela en un terreno a la deriva, imperando la ley del más fuerte o del más envalentonado por aquello de que “la ley soy yo”. O porque una pistola al cinto, o dentro de la mochila tricolor o un uniforme, hace a cualquiera “guapo y apoyado”.

Así que en medio de las carencias e insipiencias que muestran a Venezuela, las tendencias han llevado a que la vida nacional se vea tal como se disfruta morbosamente la lectura de un cómic. Sólo que, en esas historietas mal figuradas, surge un personaje tan oportuno como acertado “Alumbrón”. Frontal enemigo de “Apagón”.

De ahí que un personaje así, como “Alumbrón” es bienvenido cuando las circunstancias o contingencias, o las manos peludas de quienes operan los tableros analógicos del sistema interconectado nacional, así lo determinen. Más aún, al margen de las desgracias que tan cuestionadas e injustificadas fallas, ocasionan a todo nivel, lugar y momento. De ahí, la conveniencia de la laudable intervención de este considerado santo, en medio del aberrante caos que causan los apagones”. Es entonces que se tiene en la santidad de “Alumbrón” la posibilidad de acabar con los desórdenes provocados por “Apagón”. Solo queda pedir que tan milagroso santo provea del mejor bienestar a los venezolanos cada vez que un corte de luz arroje malos y difíciles momentos. Es cuando vale invocar a “San Alumbrón”. 


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