Pobladores sin padres
Escrito por Rodolfo Izaguirre   
Domingo, 04 de Octubre de 2026 00:00

altUnos, viven bien;  otros. lamentablemente la pasan mal y la vida para todos los venezolanos de esta hora tiende a ser dura,

y al decirlo pienso en los compatriotas que han tenido que sobrevivirla en otros países arrastrando penurias y desolaciones. ¡Familias derrotadas! La vida y los sucesivos gobiernos nos han despojado de muchas cosas. Contrariamente, quienes con voz sonora y altanera afirman que viven a su aire son los que ponderan al gobierno de turno, bien sea despótico o supuestamente civil y democrático pero apoyado invariablemente en las armas mllitares. 

Al hacer el recuento de mi vida política encuentro que ha sido la de un hombre de cultura que observa la política; no soy un político profesional y la encuentro equivocada y desorientada desde que comencé a tener uso de razón. Desde entonces para acá, siento que a la política venezolana le complace ser acariciada por las perversas manos de alguna despiadada lady Macbeth sin poder evitar las malandanzas de los militares que sin despojarse de sus uniformes ni de sus armas incursionan en la vida civil abusando y  maltratándola. !Espero que se me entienda! Me refiero a gente de armas que puede resultar amenazadora porque la hay de mucho honra y beneficio, pero también hay otra capaz de los peores atropellos. Vuelvo a decirlo: el error mas lamentable cometido por el país venezolano es el de no haber enterrado suficientemente a Juan Vicente Gómez porque siguen activos militares que se deshonran a sí mismos. En la hora actual no mencionan a Generales-abogados dando órdenes desde Miraflores porque parecen haber quedado atrás en las montoneras  políticas del siglo 19. Se teme más bien a los paracaidista y oscuros militares que al encumbrarse se auto proclaman Generales una vez usurpado el poder. Sabemos que no se abren para ninguno de ellos ninguna nueva y beneficiosa ventana, salvo la de una lejana Embajada o el privilegiado disfrute del poder político que siempre resulta atractivo para el militar mas impetuoso o aventurero.. ¡Y en eso andamos desde hace tiempo!

Se me hace cuesta arriba dialogar y mucho menos increpar o discutir con un político de altura que altivo y arrogante se me planta con un fusil en las manos estando yo armado con solo mi palabra como manifestación de ataque o defensa. No soy Nelson Mandela y mucho menos Mahatma Gandhi porque tampoco vivo en Johannesburgo ni en la India. No sé muy bien qué es perdonar, pero confieso que estoy aprendiendo a ser mejor persona a pesar de ser víctima constante de la violencia en lugar de ser “capitán de mi propia alma y héroe victorioso en un país donde, contrariamente, reinan los despropósitos. 

Mi encuentro con la violencia política se produjo cuando tenía apenas cuatro años de edad y Juan Vicente Gómez se moría en Maracay. A través de la celosía de la ventana, con las mujeres de mi casa corriendo despavoridas de un lado a otro, me tocó ver la furia de la gente saqueando las casas de los gomecistas o de sus barraganas. Aquella furia salvaje, a mis cuatro años, se llamaba “saqueo”; hoy se la conoce como “política de calle”, lo que no pasa de ser un cándido aforismo, pero desde entonces la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, física, política, moral o  psicológica es para mi la sombra tenebrosa del país que me vio nacer y poco puedo hacer para evitarla porque, me duele decirlo, el mío es un país que a pesar suyo sigue siendo primitivo; quiero decir, atrasado en el saber y el conocimiento, un país que se ignora a sí mismo: un país de pobladores o habitantes, pero no de ciudadanos y en este tema el verdadero conocedor y experto es un venezolano insigne llamado Gustavo Coronel.

Estoy por creer que la democracia está en crisis y a punto de transformarse en un nuevo sistema político. Es algo que siento pero no atino a definir ni calificar. Se dice que somos modernos, pero solo en apariencia porque nos apoyamos en tecnologías avanzadas, pero ajenas. Ni si siquiera sabemos respirar y en algún lugar del país viven chicos que no saben qué significa la palabra “apellido”. Pueden llamarse José Pérez o Luis Guzmán , pero si se les pregunta cuál es su apellido no saben qué se les está preguntando. Peor aun, en la Constitución de 1961 promulgada por Rómulo Betancourt, el artículo 75 del Capítulo IV de los Derechos Sociales establece que ” la ley proveerá lo conducente para que todo niño, sea cual fuere su filiación, pueda conocer a sus padres para que puedan estos cumplir el deber de asistir, alimentar y  educar a sus hijos y para que la infancia y la juventud estén protegidas contra el abandono, la extorsión y el abuso”.

Antes de que apareciera este artículo de ley me pregunto:  ¿Qué ocurría con nosotros y nuestros padres durante la Guerra de Independencia o durante los siglos IXX, XX o XXI?  Porque leer el texto de esa Constitución y constatar que nada de lo que allí se establece se cumple es como para ponerse a llorar. Y seguimos siendo un país sin padre, con familia dispersa. ¡Ni siquiera somos ciudadanos! Desde hace más de dos décadas hemos comenzado a dejar de ser habitantes para convertirnos, paso a paso, en silenciosos pobladores de un nuevo y petrolero estado de los Estados Unidos.

¡Qué Dios nos proteja de todo mal y peligro!


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