Sin este cable, la IA no llega a América Latina
Escrito por Paul Choiseul   
Lunes, 20 de Julio de 2026 19:20

altCuando le preguntas algo a ChatGPT, la respuesta viaja por el fondo del mar. Por un cable que si se rompe, nos desconecta completamente.

De repente, no accedes a tu banco. No accedes a tu historia clínica. No tienes email, ni inteligencia artificial para ayudarte. ¿Te lo imaginas?

A Venezuela le pasó. Y podemos aprender de ello.

El 99% del internet viaja por cable. No por satélite

Ese es el primer dato que casi nadie conoce. Más del 95% del tráfico internacional de datos en el mundo — y prácticamente el 100% en América Latina — viaja por cables submarinos de fibra óptica. No por satélites. No por el aire. Por cables que recorren el fondo del océano durante miles de kilómetros.

Esos cables son los que hacen posible una transferencia bancaria entre Bogotá y Nueva York en milisegundos. Los que permiten que un médico en Caracas acceda a una historia clínica almacenada en la nube. Los que sostienen las plataformas de inteligencia artificial que están redefiniendo cómo trabajamos, decidimos y nos comunicamos.

Sin cables submarinos, América Latina no tiene economía digital. Así de simple.

Por qué la IA necesita este cable — y por qué eso cambia todo

El boom de inteligencia artificial no es solo una cuestión de algoritmos. Es una cuestión de infraestructura física. Los modelos de IA más avanzados — los que procesan lenguaje, imagen, video en tiempo real — necesitan transmitir volúmenes masivos de datos entre servidores en diferentes continentes con latencia mínima.

Sin cables submarinos de alta capacidad y baja latencia, eso no es posible. Un país con infraestructura submarina obsoleta o insuficiente no puede ser un hub de inteligencia artificial. No puede atraer a los hyperscalers — Google, Amazon, Microsoft — que hoy están decidiendo dónde construir sus próximos centros de datos en la región.

América Latina tiene una ventana de oportunidad real. La demanda de IA crece. La inversión en infraestructura digital busca destinos. Los países que actúen ahora — que inviertan en redundancia, que modernicen sus cables, que simplifiquen los marcos regulatorios — serán los hubs digitales de la próxima década. Los que esperen, dependerán de las decisiones que tomen otros.

Una lección que no hay que desperdiciar

El cable submarino que conecta a Venezuela con el mundo llevaba 20 años sin un solo corte. Ni uno. La fibra submarina es el servicio de comunicaciones más confiable que existe — con un uptime de 99,9999%. Para que ese cable fallara hizo falta un terremoto de 7,5 grados, el primero de esa magnitud en Venezuela en casi 100 años.

La lección no es que la infraestructura era débil. La lección es que incluso la infraestructura más confiable del mundo necesita redundancia. Porque los eventos improbables ocurren. Y cuando ocurren, la capacidad de recuperación de un país depende de las decisiones que tomó años antes.

La pregunta que América Latina tiene que hacerse hoy no es cuándo va a fallar el próximo cable. La pregunta es cómo construir una infraestructura tan resiliente que cuando falle — porque en algún momento fallará — el impacto dure horas, no semanas.

Para entender mejor este mundo

La infraestructura que sostiene la economía digital tiene su propio vocabulario. En próximas entregas exploraremos en detalle cada uno de estos componentes:

  • Landing station — la puerta de entrada de un país al internet global.
  • SPOF — por qué un solo punto de fallo puede desconectar a un país entero.
  • Redundancia — cómo se construye una infraestructura que resiste.
  • Latencia — por qué la velocidad importa más de lo que parece para la IA.

 

|*|: El autor es CTIO Chief Technology and Information Officer de Cirion Technologies


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