Desvanecerme en los helechos
Escrito por Rodolfo Izaguirre   
Domingo, 08 de Febrero de 2026 01:04

altMe gusta lo que voy a escribir porque me referiré a mi familia, es decir, a mis seis hermanos.

Aclaro, soy el último de ellos porque todos desertaron después de vivir con placentera intensidad: Lilian en Los Teques, víctima de tuberculosis en diciembre del año que me vio nacer en enero; Pablo, suma cum laudem desde la primaria hasta la universidad que lo vio graduarse de médico y luego de traumatólogo eminente: Margarita, mujer de temple que supo enfrentar la adversidad; José Luis, también médico y decididamente sabio; Gustavo, aclamado psicólogo en el Colegio San Ignacio; Omar, de vida algo misteriosa y yo, de larga vida dedicada al cine y a leer y escribir. 

Tengo dos nietas Verónica y Claudia Elena eternamente bellas y de pensamiento propio.

Siempre creyeron mis hermanos que yo era la oveja negra de la familia y durante buena parte de mis pasos por esta tierra de gracia me defendía diciendo que ellos y sus profesiones liberales eran ovejas afrovenezolanas hasta que caí en cuenta que ser oveja negra significaba, por el contrario, honor, y vanagloria y esa distinción recaía en mi vida dedicada a considerar y mantener sagrados todos mis sentidos porque al hacerlo me enaltecía a mí mismo y sembraba arrogancia en mi propia familia.

El tiempo es inexorable y mantiene intacto el concepto de familia como primer núcleo de socialización en el que se forma no solo la identidad y los valores y normas de conducta sino un lenguaje y disposiciones capaces de sostener el futuro desarrollo e integridad física e intelectual de sus miembros. Pero también puede ocurrir lo contrario y hay familias disfuncionales, llamadas “de diversidad”, violentas y abusivas.

Un mal gobierno, despótico e insensible, puede contribuir a activar la existencia de familias de maltrecha moral. Además, en el marco de mi vida actual, por circunstancias políticas, socioeconómicas o culturales puede hablarse de nuevas maneras de entender a la familia. 

Por lo general, la madre ocupa un lugar central, emocional, pero una familia matriarcal puede seguir siendo patriarcal si hay un padre en ella. La mía fue matriarcal hasta que murió Tula, mi mamá, porque mi padre resultó ser un personaje impresentable. Con la diáspora y pese a la fragmentación de las familias las hay pero a distancia y proliferan las familias del mismo sexo. Hay muchas maneras de ser familia. Hay una que considero la mejor de todas: la familia adquirida, es decir, la que vamos armando y reconociendo a medida que avanzamos en la vida  que nos ha tocado en suerte; la que formamos con el amigo a quien confesamos secretos que jamás decimos al hermano de la propia familia que somos

Todos mis hermanos han muerto; también mis padres y no conozco a mis numerosos primos. Uno de mis sobrinos expresó un día su deseo de reunir y conocer a sus primos y le dijeron que tendría que alquilar el Poliedro. Cada día que pasa me acerco más al final de mi vida. No le temo. Marguerite Yourcenar afirmó que a la muerte hay que esperarla con los ojos abiertos  y así los tendré cuando la vea llegar. Pero hice una familia con Belén Lobo, una mujer asombrosa, tres hijos estupendos e irrepetibles y dos nietas que me hicieron abuelo pero ya son mujeres bellas y decididas y tengo amigos que forman la otra familia que adoro. Son familias que irán extendiéndose, abriendo caminos, explorándose a sí mismas.

!Cumplí la bíblica tarea!  !Crecí y me multipliqué! Mis hijos cuidan de mí. Me adoran y yo a ellos, pero están conscientes de que junto a Belen que ahora se llama Soledad. 


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