Inteligencia, grandeza, humildad
Escrito por Ramón Guillermo Aveledo | @aveledounidad   
Miércoles, 21 de Enero de 2026 00:00

altAsisto a los hechos inéditos que nos desafían con la misma perplejidad de la abrumadora mayoría, pero los días nos permiten irnos dando cuenta de la complejidad que los caracteriza.

Como en el razonamiento se atravesaron la sorpresa, la incertidumbre, la tristeza, la esperanza, era difícil que no vinieran a la mente antiguas lecturas. A muchos, como a Santos Luzardo harto de la arbitrariedad y la trampa en Doña Bárbara, se nos soltó el centauro. Al final, aterricé en la Biografía de un Cimarrón de Miguel Barnet que leí en una edición de Siglo XXI comprada en mis años estudiantiles en los pasillos de la UCV.

El “cimarrón” del libro es un viejo cubano que había sido esclavo y cuenta al narrador las terribles peripecias de su vida y cuando a cada episodio doloroso el entrevistador le dice “pero eso es muy triste”, respondía “No es triste, porque es verdad”.

Más de uno albergará íntimo alivio, otros sentirán tristeza, es su derecho. La mía ha sido una pena, en su doble acepción, española de tristeza y venezolana de vergüenza, porque no hayamos sido capaces los venezolanos, todos, aunque no sean simétricas las responsabilidades, de encontrar modos inteligentes de resolver nuestros problemas y ahora, por la acción de otro, nos veamos obligados a ver cómo hacemos con éste enredo peligrosísimo que tenemos entre manos. Pero dejo atrás mi pena porque la verdad es la verdad, con ella tenemos que vivir y ante ella tenemos que actuar.

Cuando la realidad supera la ficción, me siento obligado a declarar una obviedad: los zombies pertenecen a las novelas y al cine ¿Cómo aceptar que salga de su tumba el derecho de conquista por la fuerza? Y como ciudadano de mi país, tampoco trago que reproduzcamos en vivo y en el siglo XXI, la frase del Gatopardo en el XIX siciliano: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”.

El status quo es insostenible. Una nueva realidad nos interpela a todos. A quienes están en el poder aquí, con públicos y notorios condicionamientos externos. A quienes desde la oposición propician un cambio, sea en el país o afuera, donde han sido forzados a vivir. Pero también a todos los venezolanos, cualquiera sea nuestra opinión, región, menester o condición social. De nada sirve repetir consignas, atrincherados en puntos de honor. La grave situación de la mayoría del país, puede ponerse peor, debe ocupar el centro de nuestras preocupaciones.

La transición no ha empezado porque han soltado un buen grupo de los muchísimos presos políticos, cómo no alegrarse, y los que mandan estén obligados a modificar sus políticas exterior, petrolera y económica. El camino a recorrer hacia la recuperación de la plena vigencia de la Constitución con sus derechos, garantías e institucionalidad al servicio de ellas, de verdad, es largo, oscuro, poblado de obstáculos, incierto. Transitarlo no será sencillo. Va a requerir tanta inteligencia y grandeza como humildad. En lo político – institucional debemos llegar tan pronto como sea posible, a unas elecciones confiables. No hay fórmula instantánea, requiere mucho trabajo en múltiples frentes. Mientras tanto, el país no se pone en pausa ni suspende sus necesidades hasta que otras personas nos gobiernen, la vida real tiene una agenda imperiosa que reclama atención.

Tenemos una oportunidad como sociedad. No la perdamos.  

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