Brasil: un gigante entre dos opciones
Escrito por Alexander Cambero | X: @alexandercamber   
Domingo, 05 de Abril de 2026 00:59

altSu fútbol es el mágico danzar de una pelota en los pies de los hábiles ejecutantes.

Es el carnaval con el desenfado espectacular de sus morenas fosforescentes en el descorche de la pasión infinita. Es tan inmensa su proporción geográfica que gobernarla es una tarea ciclópea. Es la nación más grande de Sudamérica y la quinta del mundo. Con una superficie de 8,5 kilómetros, ocupa el 47% del territorio del subcontinente, lo cual hace que limite con casi todos los países de su región, con la excepción de Chile y Ecuador. Tiene una población de doscientos quince millones de habitantes. Siendo el séptimo país más poblado. De sopetón nos encontramos con datos muy interesantes. Roraima está más cerca de la frontera sur de Canadá (aprox. 3,600 - 4,200 km) que del punto más al sur de su propio país (más de 4,300 km).

El 22 de abril del año 1500, un navegante lusitano de nombre Pedro Álvarez Cabral observó las costas del actual estado de Bahía, reclamando para la corona portuguesa estos territorios basándose en el Tratado de Tordesillas, que fue un acuerdo firmado el 7 de junio de 1494 en donde los reinos de Castilla y Portugal podían hacer suyas las zonas de influencia, navegación y conquista del Atlántico y el Nuevo Mundo de acuerdo a quien descubriera. Un escenario complejo en la bitácora del colonialista. Fue así como el misterio se acomodó en sus complejidades.

Brasil está en plena ebullición electoral. El proceso de este año se ha convertido en una batalla con un resultado incierto. Hace aproximadamente unos dos meses, era un hecho lo de la victoria de manera holgada de Lula frente al talentoso Senador Flavio Bolsonaro. Paulatinamente, las posiciones se han aproximado hasta la actualidad, que prácticamente se presenta un empate técnico. El actual primer mandatario brasileño es un mítico líder surgido del mundo sindical.

La eterna historia del joven pobre que buscó fortuna lejos de su entorno familiar para alcanzar mejores oportunidades en una gran ciudad se cumple con este ya octogenario protagonista en el gigante amazónico desde hace cuarenta años. Tres veces presidente con respaldos realmente impresionantes. Según datos suministrados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), su primera experiencia de gobierno logró sacar de la pobreza extrema a cincuenta y dos millones de familias. Eso no ocurrió jamás en ninguna otra parte del globo terráqueo. Lamentablemente, su liderazgo divinizado por la inmensa mayoría de los brasileños no se percató de la colosal corrupción que se desató. Su gestión hizo que, en el Brasil profundo, junto a sus ídolos futbolísticos, se colara Lula como una especie de mega estrella.

Cuando la idolatría penetra el caparazón espiritual de la gente, es muy fácil que el predestinado goce de la anuencia y el perdón automático. Puede gobernar a sus anchas teniendo el respaldo mayoritario de quien culpa de las fallas a los adversarios. A pesar de ello, estuvo preso durante más de quinientos días en una cárcel de Curitiba. Se le acusó de corrupción administrativa y lavado de dinero. Fueron momentos que mantuvieron en vilo la vida política del país.

La grieta divisional entre los dos bandos en disputa se ensanchó de una manera muy determinante. Un octogenario líder con seis candidaturas presidenciales, tres de ellas victoriosas, aspira a un nuevo periodo ante la falta de un liderazgo de su sector que aglutine la heredad de su pensamiento. La gesta de un antiguo obrero metalúrgico nacido en Pernambuco, tierra de rebeliones históricas, lo vio nacer hasta que, después de un esfuerzo incesante, llegó hasta la primera magistratura. La fortaleza en el mundo sindical y los sectores populares beneficiados de sus programas sociales son parte de sus fortalezas. Además, esa implantación de Brasil en el orbe a través de su liderazgo internacional, lo catapulta como una especie de impronta de la nación. Nadie puede olvidar cómo consiguió que su nación organizara el Mundial de Fútbol en el 2014 y, dos años después, los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. Fue de antología cuando Lula logró conmover a la mayoría de los países del mundo de la viabilidad de su nación como organizadora del evento. En el 2009 alcanzó que se le diera la sede a Brasil de los Juegos Olímpicos. En una pizarra ubicó todas las sedes que había tenido el evento a través de la historia. Con inteligencia colocó el mapa de Sudamérica donde nunca se habían realizado, haciendo énfasis en el hecho. Lo cumbre del asunto es que el español Juan Antonio Samarach, expresidente del Comité Olímpico Internacional, gravemente enfermo, los quería en Madrid, como una especie de despedida. Lula logró quebrar lo que habían orquestado con la contundencia de sus argumentos. Allí su figura como guía resplandeció en el escenario universal. Sin embargo, todo no es miel con hojuelas en su último baile. El senador Flavio Bolsonaro viene creciendo a pasos agigantados. Cuando su padre lo escogió desde su reclusorio como el abanderado, pocos creían que podía tener una opción real. Su discurso, menos radical, hizo posible que muchos sectores moderados del centro se corrieran hasta una derecha menos fundamentalista. Su estilo propositivo y no exclusivamente cuestionador de la figura de Lula viene surtiendo efecto, inteligentemente, muestra el sarcófago, con la momia para que la exhiban como parte de su historia, mientras el futuro apunta en su dirección. Suma los contrarios tradicionales de Lula con una nueva generación que desea un Brasil con otros nombres. Y logrando un elemento estratégico decisivo que viene siendo un dispositivo devastador. Que no es otro que el respaldo de las iglesias protestantes. En el país más católico del mundo viene dándose un fenómeno religioso impresionante. Ya casi el 30 % de la población es evangélica. Diariamente se fundan en Brasil diecisiete iglesias en las favelas. Son dueños de medios de comunicación cada día más influyentes. Cuentan con más de cien diputados en el parlamento. Ese giro en la inclinación religiosa brasileña viene favoreciendo a Flavio Bolsonaro. Su influencia en esta área no es exclusivamente con estos grupos, seguramente mirándose en el ejemplo del actual gobernador del Estado de Río de Janeiro, Claudio Castro, quien preside desde hace veinte años el movimiento de Renovación Carismática de Brasil, logrando acuerdos más allá de su visión doctrinaria.

El mandatario regional realiza muchísimas actividades sociales en donde católicos y protestantes trabajan de manera armónica. Esa yunta perfecta entre dogmas contrapuestos, pero que luchan por un fin común, es un concepto que ha brindado estupendos resultados. La baja de la tasa de criminalidad con números asombrosos es parte de esta política. Es la visión de un nuevo Brasil con mayor dosis de integralidad. Bolsonaro no es el tradicional militante de derecha sin una conexión efectiva con los sectores populares. Ya el liderazgo de Lula en ese mundo de los desposeídos, en donde su dominio lo ejerció desde las entrañas de la orfandad, tiene un competidor. La llamada Bolsa Familia llega a cuarenta millones de hogares pobres. Es una carta de presentación de Lula con un mensaje cautivante que llega a la mesa de la dificultad. Lo que no contaba el oficialismo es con la presencia protestante y carismática en los mismos escenarios. Paradójicamente, cada uno llega al mismo target con armas distintas. Lula lo hace desde la cobertura momentánea de una necesidad económica. Bolsonaro se aparece a través de las predicaciones en los numerosos servicios religiosos. Una batalla entre dos opciones delimitadas por visiones diferentes.

La penuria orgánica atrincherada en el mesianismo populista. La otra viene acompañada de lo espiritual. Primero, confiesan a Cristo como Salvador personal. Luego colocan la necesidad de gozar de un gobierno que les garantice igualdad de oportunidades. Un nuevo Brasil a la altura de su grandeza. Es allí, de la mano del devoto, que se exhibe a Flavio Bolsonaro en el epicentro del tsunami político. Como podemos inferir, es una lucha sumamente pareja e interesante.

@alecambero                                                                                   

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