No saber qué es apellido
Escrito por Rodolfo Izaguirre   
Domingo, 16 de Agosto de 2026 00:00

altCuando volvamos a ser quiénes fuimos alguna vez nos veremos obligados a darle vueltas al país, revisarlo, sacudirlo hasta que quede limpio de cualquier clase de impurezas

y al festejarnos ¡navegaremos hacia el sol! 

Somos muchos los que anhelamos que un aire nuevo entre por las ventanas y refresque la casa.

Queremos respirar hondo como si Luciano Pavarotti nos prestara su capacidad torácica y en lugar de cantar el aria de alguna conocida ópera nos pusiéramos simplemente a respirar la nueva y milagrosa brisa democrática que insiste en acariciar al país convertida en Mil Novecientos, ¡un hecho histórico!

En un barrio que conozco cree vivir un muchacho de apenas doce años cuyo nombre, por decir alguno, es José Perez. Desertó de la escuela, apenas sabe leer con enorme dificultad, conoce su nombre, pero no el de su padre a quien no ha visto nunca y trabaja como aprendiz en una descuidada carpintería. Pero si se le pregunta cuál es su apellido no sabe qué responder porque no tiene idea de lo que se le pregunta. ¡Tampoco sabe qué es la sociedad! Resulta insólito y patético que no sepa qué significa la palabra "apellido" o "sociedad" porque es como un ser ausente que se alimenta solo de desdichas, desconoce el mundo e ignora que su nombre y el hecho de pertenecer a una determinada comunidad da vida a su propia vida.

Ese chico apenas sabe el nombre del lugar donde ve pasar sus precarios días: el de hoy igual al de mañana; apenas vislumbra el país que somos todos nosotros, un país maltrecho y despojado con gente que más que habitantes parecen pobladores en vía de ser usuarios si nos detenemos a considerar que la educación, al igual que la economía y la cultura se arrastran por el suelo y desconocemos nuestro apellido que no es otro que el de ¡venezolano!

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¡Es nuestra obligación rescatar al país! Tenemos mucho trabajo por delante: dar nueva vida a la economía, al propio país; fortalecer la cultura, qué hacer con el pundonor militar. Con empeño y dedicación podemos enderezar las Instituciones, salvar a los Ministerios de la voracidad de sus depredadores y devolverle a la Justicia los nombres de sus verdaderos magistrados. Es cosa de un par de años, pero extraer de los escombros el honor y la dignidad allí sepultados es tarea de años, pero se facilitaría si todos ponemos en práctica el difícil pero factible proyecto de Gustavo Coronel de fabricar ciudadanos y reinventar la educación.                                                           

¡El país necesita que lo acariciemos, que le digamos !cuán bello es! A primera vista, el proyecto Coronel parece algo ilusorio, una nueva utopía, el capricho de un venezolano irrepetible que desde hace años, vive en los Estados Unidos pero piensa permanentemente en nosotros. Parece ilusorio porque es necesario crear nuevas escuelas, resucitar las que permanecen exánimes, formar maestros y profesores y modernizar al Ministerio de Educación, pero siento que es un propósito enaltecedor que no se logra durante la brevedad de un mandato gubernamental sino en sucesivos gobiernos que deben aceptar, tolerar y proseguir sus respectivas realizaciones y continuar lo emprendido por la fábrica de ciudadanos que propone Gustavo Coronel.

¡Una acción incesante! Que Miraflores desconoce porque en ese Palacio jamás se ha mencionado la palabra amor, pero puedo decir que sin moverme de mi casa he concitado a muchos amigos y me comprometí de inmediato con la ilusión en la certeza de que todos nosotros, así como fuimos solidarios en la tragedia del 24 de junio distribuyendo la generosa y desinteresada ayuda nacional e internacional y auxiliando a las víctimas sin ambulancias, con hospitales desnutridos y sin la presencia oficial también le haremos saber al desamparado jovencito del barrio y a muchos compatriotas alevosos y perversos qué significa la palabra "apellido" y en que consiste vivir en sociedad y en paz. Sin amenazas ni sobresaltos y sin el autoritarismo del pensamiento único y militar. 

Y así podremos sentirnos orgullosos de nuestro propio apellido venezolano y de haber nacido en este país único en el mundo porque él o es como el que va sino como el que viene y se la pasa todo el tiempo esperando que escampe o que ¡Dios proveerá! sin percatarse que Dios debe estar limpiando su viñedo de tanta yuca y batata y muebles y tinajeros que allí se encuentran porque se dice que ¡hay de todo en la Viña del Señor!


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