Fidelo-chavismo a los trancazos
Escrito por Fernando Luis Egaña   
Martes, 02 de Febrero de 2010 08:21

altEn 1999, Fidel Castro convenció a su discípulo y financista venezolano que podía y debía imponer el modelo socialista-cubano paso a paso... Sin la ruptura crasa de una revolución violenta, como la de Cuba a principios de los años 60. Y Chávez se dejó “guiar” por el viejo mentor con éxitos considerables, engrasados, claro está, por la bonanza petrolera del siglo XXI.

Una década y pico más tarde, Venezuela ha recorrido un largo trecho de la senda totalitaria, y el régimen imperante concentra todos los poderes del Estado nacional y refuerza su propósito de dominio definitivo sobre el conjunto de la sociedad. Y ello sin abandonar algunas formalidades de la dinámica democrática, para cultivar la imagen de una república legitimada en elecciones y sustentada en un decorado legalista.

Sin embargo, y como consecuencia, entre otras razones, del desgobierno acumulado a través de 11 años, está creciendo la resistencia al rumbo señalado en La Habana y Miraflores, y el habilidoso “paso a paso” ya no cuenta con las facilidades de otrora. Casi el 70% de la población se muestra partidaria de la “democracia social” (o sea, sin extremismos) como sistema de gobierno, y apenas un poco más del 20% se expresa conforme con el tipo de socialismo radical que proclama el señor Chávez.

En pocas palabras, la mayoría abrumadora de los venezolanos rechaza el patrón del “mar de la felicidad”, aunque parte significativa de la misma no se dé suficiente cuenta que hacia allá se ha ido encaminando la revolución bolivarista desde hace muchos años.

Esto supone un desafío de marca mayor para el régimen, porque si aumenta el descontento y se acuerpa la disidencia, entonces se dificulta la ejecución del “guión paulatino” y se haría necesario, por tanto, apelar a la imposición masiva de la fuerza para mantener el control general del poder. La andanada represiva del presente así lo evidencia.

En términos prácticos ese desafío se materializa, por ejemplo, con las anunciadas elecciones legislativas de septiembre. Si los números llegaran a ser complicados para el oficialismo, incluso con el descuento del “nuevo” sistema electoral a-la-talla, es harto probable que esos comicios quedarían para las calendas griegas, y en su lugar se aplicarían mecanismos de represión institucional, convalidados por la “justicia revolucionaria” y la fuerza militar.

“La corriente de los hechos”, como escribe Diego Bautista Urbaneja, se orienta al agotamiento de la “revolución” y a la búsqueda de alternativas. Pero el proceso será traumático y accidentado porque el señor Chávez no sólo se niega a reconocer la realidad sino que intensifica su afán de imponer el fidelo-chavismo, así sea declarándole la guerra a la población venezolana.

Once años de división, desgobierno y destrucción están pasando la factura histórica. El país se rebela a dejarse someter de manera definitiva. El régimen despliega el poder de la violencia y la nación está dispuesta a luchar por su cultura democrática. La satrapía pretende salvarse a los trancazos, pero este pueblo cimarrón está demostrando que su dignidad vale mucho más que todos los ganchos de hierro -los garrapiños- de Miraflores.

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