Paternidad compartida
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 02 de Marzo de 2026 01:44

altVenezuela ha tenido hasta el presente más de una veintena de constituciones.

Muchos hablan de veintiséis, otros de veintinueve, según se aplique el criterio que sostiene que algunas son simples reformas o que se trata de un nuevo texto. Lo cierto es que todas, desde diciembre de 1811 hasta la de 1999, no ha habido una que no haya establecido un régimen republicano, bajo los principios de libertad, justicia e igualdad.

La paternidad de la democracia en este país tiene múltiples progenitores. Unos más, otros menos. Al fin y al cabo, ha habido variopinto de promotores, fundadores, defensores, tribunos y más de un demagogo o populista que se ha arrogado una exclusividad inaudita.

Más allá de Bolívar, hubo quienes realmente advirtieron sobre el militarismo y sus perversiones gubernamentales. El Dr. José María Vargas, en los comienzos, seguido – entre otros- por Manuel Felipe de Tovar y don Pedro Gual, fueron valedores o paladines a ultranza de la civilidad y el republicanismo.

Un hecho curioso, pero además histórico y significativo, fue el Decreto de Garantías suscrito por el general Juan Crisóstomo Falcón el 18 de agosto de 1863, una vez finalizada la Guerra Federal. En aquellos turbulentos tiempos, una verdadera hazaña y un enorme paso hacia el establecimiento, por no decir reconocimiento, de la prometida igualdad y libertad, aspiraciones que dieron origen -según nos enseñan- a esta cruenta e inútil confrontación entre venezolanos. Este decreto abolió la pena de muerte; estableció -tajantemente- el respeto a la propiedad privada; la inviolabilidad del hogar; la libertad de expresión y pensamiento; el derecho a la asociación pacífica, el libre tránsito y la igualdad ante la ley, entre algunos mandatos.

Que un general de un maltrecho pero vencedor ejército haya intentado y hasta refrendado la sepultura del militarismo, no es cosa común y corriente. Lástima que sus prescripciones, por mucho tiempo, no fueron aplicadas y hasta olvidadas. Para más, hoy día, en pleno siglo XXI, continuamos sufriendo los embates del ancestral militarismo y de los intentos por reducir y hasta eliminar los derechos decretados en 1863.

A propósito del 118 aniversario del natalicio de Rómulo Betancourt, aunque muchos difieran de esta afirmación, este insigne líder y estadista podría denominarse “Padre de la Democracia Moderna” en Venezuela. Sí, con el adverbio “moderna”, destacado y subrayado. Hay respetables estudiosos e historiadores que reafirman esta idea. Betancourt fue un decidido luchador por una democracia sustentada por ciudadanos organizados en partidos, asociaciones, sindicatos, gremios, etc. Sobre todo, en los partidos políticos, que tanto reconocimiento e importancia tuvieron en el pasado reciente y que urge reinventarlos sin mayor dilación.

No hay una paternidad exclusiva de la democracia. Hubo gente que se esforzó y batalló por establecer una verdadera república. Sería una mezquindad insólita no reconocerlo.

A estas alturas, todavía seguimos en deuda con el Decreto de Garantías de 1863 y más cerquita, con la Constitución de 1999, vale decir, con la última de la “chorrera” que hemos tenido. En otras palabras, frente a esa democracia moderna en que se empeñó Rómulo Betancourt, el militarismo, el populismo y la corrupción, continúan acechando a la idea y el anhelo de república. Dediquémonos -entonces- a su reconstrucción.

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