Aprender a querer
Escrito por Rodolfo Izaguirre   
Domingo, 09 de Agosto de 2026 01:09

altLa abnegada maestra de escuela nos enseña a manejar las vocales y las consonantes y a leer y aprendemos a sumar y a restar y a respetar a nuestros padres

si es que los tenemos porque el país venezolano en este terreno carece de padre, es huérfano. La Constitución en tiempos de Rómulo Betancourt establece en uno de sus artículos que todo niño tiene el derecho de conocer a sus padres.Y es para preguntarse ¿Y antes de esa Constitución tuvimos derecho? ¿También después de ella? Cuando el país clama por el padre que no tiene aparecen, de acuerdo al tiempo y sus circunstancias políticas, Bolívar o Juan Vicente Gómez o Hugo Chávez. ¡Nunca aparecen Andrés Bello o Mariano Picón Salas!

¡Y así vamos! Aprendemos a respetar a los adultos que van asomando en la incertidumbre de nuestra infancia; nos enseñan a comer, a vestirnos, a nadar, a obedecer a los mayores, es decir, a callar mientras ellos hablan y sobre todo a obedecer a la autoridad cualquiera que ella sea: ¡no pise la grama!" ¡haga silencio o lo meto preso!, ¡abra la maleta del carro! ¿usted está seguro que ese es su nombre? Todo lo aprendemos, todo se nos enseña, pero me pregunto: el sujeto que me enseña a nadar ¿me quiere, al hacerlo?

Nadie nos enseña a vivir, pero tampoco se nos enseña a morir y hoy a mi avanzada edad lo único que pido es que alguien me enseñe a querer. Pareciera que nadie sabe cómo enseñarlo. Se dice y acepta que el corazón es consumado maestro, pero también sabemos que el corazón humano no es otra cosa que un órgano impulsor de muestra sangre. es cierto que se le atribuyen numerosas virtudes pero no dejan de ser invenciones humanas: entregar el corazón equivale a arrebatarnos el alma; se dice que el corazón nos ensancha el ánimo, nos libera del temor y nos mueve a compasión y logra que penetremos en el dolor ajeno. Pero no será el corazón el que nos enseñe a querer.

Nos inventamos corazonadas, manantiales en los que flotan espumas de amor, miradas, gestos, asomos de ,ernura rozando el labio inferior. Hay quienes mencionan la palabra "química" para expresar amor y estremecimientos humanos: química española. pero nada de esto es enseñanza. El corazón palpita y cuando se quiebra perecemos. No nos ama, solo nos permite vivir.

Margarite Yourcenar dijo que a la muerte hay que esperarla con los ojos abiertos, conocerla, verla, saber cómo es, qué aspecto tiene porque es con ella con quien vamos a emprender un viaje que no termina nunca. Y es lo que no hacemos y no se nos enseña porque todos queremos ir al cielo, pero ninguno de nosotros quiere morir.

Respeto a quienes esperan y aceptan su muerte sin apoyarse en fundamentos teológicos o de transitoria o persistente espiritualidad. De la misma manera abrazo y acompaño a quienes como yo se empeñan en encontrar a quien nos enseñe a querer y nos ayude a enderezar el comportamiento del país de y de nosotros mismos, capaces de traicionarnos y robar a los sepultados bajo los escombros de casas y edificios sin prestar atención y auxilio a los desafortunadas víctimas del terremoto.

Y al borde de mi vida, frente a mi propio abismo, sigo buscando a quien pueda enseñarme a querer.


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