Los higos del cadáver
Escrito por Alexander Cambero | X: @alexandercamber   
Domingo, 09 de Agosto de 2026 00:22

altLa higuera no solo está ligada a historias bíblicas que son muy ilustrativas.

El libro de Marcos, en su undécimo capítulo, narra la historia de la higuera que no daba frutos. En Lucas, capítulo trece, se menciona la misma especie, conocida por su falta de productividad. Ambas representan la necesidad de que los cristianos generen frutos espirituales.

Al ser un árbol milenario, posee innumerables episodios profundamente fascinantes. Si los árboles pudieran hablar, ¿cuántos relatos contarían? Son testigos silenciosos de la vida. Su aparición es un milagro tan sorprendente que el tiempo los convierte en sabios, resistiendo indomables las agresiones de la avaricia humana.

Una pequeña semilla es la progenitora de enormes descendientes que emergen del vientre de la tierra. Esa mínima manifestación de fecundidad es acogida por un suelo que nutre y da fuerza a sus raíces. Es un mundo asombroso el que se encuentra bajo la superficie. Cada fase es cubierta por los árboles, preparándose para mantenerse alerta hasta que lleguen las estaciones.

Durante la sequía, la estrategia consiste en almacenar agua para sobrevivir de la mejor manera posible; por el contrario, cuando la lluvia se desata, saben equilibrarse para no ahogarse. Así como los humanos tienen un reloj biológico que mantiene su equilibrio, los árboles siguen su propio código que les ofrece pautas para sostenerse en el mismo lugar. Siempre combatiendo con sus brazos de clorofila en todas direcciones.

Sus difíciles batallas las libran contra la irracionalidad de quienes creen tener derecho a destruir. Por eso vemos un planeta que se hace daño a sí mismo; hace décadas perdió su conciencia al no entender que la vida está directamente relacionada con la defensa del ecosistema. Los árboles se fortalecen hasta que sus cuerpos nutritivos se convierten en huesos de madera. Son víctimas preferidas de aquellos que tienen un desierto en su mente.

Igualmente sucede con quienes desean que la dictadura del concreto convierta la naturaleza en un cementerio, con consecuencias nefastas.

Son los ejércitos de quienes destruyen nuestros bosques para sembrar muerte. Los árboles son aliados del agua que fluye por sus raíces. Existe una relación armoniosa entre los factores cruciales del cambio climático. En esa vibrante simbiosis de intereses, el oxígeno es la respuesta donde florece la humanidad. Bajo esta premisa, la función del árbol no solo está guardada por el misterio, sino también por historias que van más allá de lo que se puede imaginar.

En 1974, una guerra civil dividirá a Chipre. Hablamos de la tercera isla más grande del Mediterráneo, después de las italianas Sicilia y Cerdeña. El ejército turco invade la nación para llevar a cabo un golpe de Estado. La astuta acción del antiguo imperio otomano despertó las pasiones nacionalistas chipriotas, que intentaron por todos los medios repeler la situación. Entre esos valientes nacionalistas se encontraba Ahmet Hurguen. Era un hombre decidido a no rendirse ante la intención turca de esclavizarlos. Deseaba ver crecer a sus hijos bajo la administración de compatriotas. Los enfrentamientos aumentaban con el paso de los días. El destino de Chipre estaba en manos de bandos invasores que ametrallaban cualquier intento de paz. Sus esfuerzos por organizar al pueblo resultaron inútiles. En las afueras de Nicosia, un grupo comando capturó a Hurguen para hacerlo desaparecer para siempre. Antes de salir de su hogar, había comido unos higos que recogió de su patio; su abuelo había traído la semilla de un campo en el camino a Kakopetria, donde se preparaban para luchar contra el ejército británico. En las noches consumían higos endulzados con miel silvestre. Hurguen era un continuador de la lucha familiar por la libertad. Al ser tomado como rehén, lo trasladan dos hombres a una cueva que fue dinamitada, muriendo todos al instante. La explosión dejó un hueco en la parte superior de la cueva por donde entraba la luz del sol. En el subsuelo había un arroyo subterráneo que corría justo donde quedaron los cuerpos. La combinación del sol y el agua permitió que la semilla en el estómago de Ahmet Hurguen germinara, treinta y siete años después; un investigador suizo que estaba realizando un trabajo paleontológico en la zona se sorprendió al ver crecer una higuera en un terreno inadecuado para ellas. Se adentró en las profundidades de la cueva y, tras realizar una cuidadosa excavación, encontró los cuerpos. De inmediato, notificó a la misión de la ONU en Nicosia para que se dirigieran al lugar. Después de hacer diversas pruebas de laboratorio, confirmaron que el cuerpo de Hurguen era uno de ellos. Los especialistas comprobaron que el arbusto había crecido del estómago del líder desaparecido; de alguna manera, la higuera hablaba para revelar el paradero de aquel hombre buscado por décadas por sus familiares. Algunos expedicionarios lloraron al ver el arbusto lleno de higos, que simbolizaban los frutos del sacrificio y la libertad…

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@alecambero 




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