| Revoluciones, autocracias y poca democracia |
| Escrito por Pastor Heydra |
| Miércoles, 21 de Octubre de 2009 22:29 |
Se cumplen 64 años de haber sido instalada la Junta de Gobierno de la revolución del 18 de octubre de 1945, presidida por Rómulo Betancourt e integrada por el mayor Carlos Delgado Chalbaud; el capitán Mario Vargas y los abogados Raúl Leoni, Gonzalo Barrios y Edmundo Fernández, quienes hicieron posible la única revolución democrática que ha vivido nuestro país
al aprobar una Constitución, 1947, en la que se consagró el voto universal, directo y secreto de todos los venezolanos, mayores de edad, sin ningún distingo de credos, razas o posición económica, que podían elegir libremente al presidente y al Congreso de la República. Los miembros de la junta se eximieron de postularse como candidatos, para ser garantes de la emergencia democrática que nacía. Producto de esa experiencia, en las que se estableció el seguro social, el escalafón del magisterio, se construyeron grupos escolares, universidades, hospitales, red vial, viviendas y se modificó la ley de hidrocarburos, resultó electo Rómulo Gallegos, quien fue depuesto por fuerzas económicas, civiles y militares de la derecha el 24 de noviembre de 1948.
Venezuela desde su fundación como república en 1830, vivió muchísimas “revoluciones”, con diversos nombres, pero con el mismo signo, el caudillismo dictatorialista, la autocracia. Llámese azul, federalista, legalista, de abril, restauradora, mochista o libertadora. Ha visto desfilar a presidentes, jefes de montoneras como Páez, Soublette, los Monagas, Julián Castro, Falcón, Guzmán Blanco, Crespo, Cipriano Castro, Gómez; hasta civiles como Vargas, Andueza, Rojas o Arcaya. Gobernando la oligarquía conservadora o la oligarquía liberal, “el mismo musiú con diferente cachimbo”, siempre se mantuvo, con ligeras variaciones, la misma estructura económica y social monárquica. La historia, como dijo Marx en su “18 brumario de Luis Bonaparte”, de esta manera se ha repetido unas veces como drama y otras como trágica farsa. O como lo indicó más atemperado Mario Briceño Iragorry: “Venezuela ha renacido tantas veces como regímenes personalistas ha soportado”.
Tenemos el ejemplo de aquella “revolución de octubre de 1945”, y ésta de ahora autodenominada “bolivariana”, que se coloca el remoquete de “socialista”, pero no pasa de ser una “autocracia, pretorianista, populista”, sin los contenidos de marxismo que pretenden achacársele, salvo un barniz de autocracia habanera, pues se mueve dentro de un esquema de capitalismo de estado, que ha ido creando bajo su sombra y protección su propia clase rica. Único caso en la historia venezolana en la que un grupo de designados, sin tradición empresarial, bancaria, en el área de la construcción o la actividad agropecuaria, hacen los grandes negociados con los dineros del Estado, sin poseer credenciales algunas, desatando la escalada de corrupción más impresionante que conocemos. Allí están los crecidos operadores políticos.
Los caudillos como Páez, los Monagas, Guzmán o Gómez, hicieron sus fortunas personales con los bienes del Estado, y repartieron beneficios a sus áulicos nacionales y extranjeros de la Shell y la Creole, cuando vino la irrupción petrolera, sin conformar la clase rica de un proyecto de poder. En la propia democracia partidocrática, se dieron los contratos a empresas sólidas y preestablecidas como los Mendoza, González Gorrondona, Cisneros, Pocaterra, Tinoco, Finol, de Agostino, y otros.
Ahora es diferente. el objetivo primordial mantener el poder al costo que sea. El resto, no importa que no haya rumbo económico, que la crisis sea peor que la que dio entrada a la guerra federal, pues existe el petróleo a buenos precios el barril; y al pueblo se le acomoda con migajas salpicadas de socialismo de “libro gordo de Petete”. El resto lo resuelve el “capitalismo salvaje” que produce las riquezas necesarias.
Estamos ante hechos inéditos, que no pueden ser despachados con los manuales de otros tiempos. La realidad es dinámica y la reacción sigue siendo, con salvadas excepciones, rutinaria y estática. Las elecciones parlamentarias son un buen tiempo para reflexionar y ajustar el rumbo que debe llevar el país. pheydracantv.net |
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