Cáncer invertido
Escrito por Juan Miguel Matheus   
Lunes, 09 de Agosto de 2010 09:02

altEl 1 de enero de 1959 Fidel Castro marchó triunfante sobre La Habana. Así quedó sellada la victoria de su revolución. Ello trajo consigo un renovado aire de esperanza sobre las posibilidades de instaurar el marxismo a lo largo y ancho de América Latina. La “gesta” cubana sirvió de inspiración a los revolucionarios del continente. El fantasma del comunismo aceleró su recorrido acechante sobre los países caribeños y centroamericanos. Entre ellos estaban, por su puesto, Venezuela y Colombia. Ambas naciones vieron germinar un brote marxista que marcarían lo social, lo político y lo económico en los años sucesivos: las guerrillas.

En Venezuela la lucha guerrillera comenzó en 1961. Tuvo como detonante la primera división del partido Acción Democrática, ocurrida en 1960. El MIR –Movimiento de Izquierda Revolucionaria– fue la formación política que le sirvió de principal nutriente. En Colombia, por su parte, las guerrillas nacieron en 1964. Ese año cobraron vida tanto las FARC como el ELN. La primera, de inspiración marxista-leninista, estuvo liderada por el conocidísimo Manuel “Tirofijo” Marulanda. La segunda, también marxista-leninista, fue fundada por Fabio Vásquez Castaño bajo el influjo directo de Fidel Castro y de las ideas de la teología de la liberación.

Los venezolanos derrotamos las guerrillas marxistas luego de casi una década de lucha armada. Logramos la paz durante la primera presidencia de Rafael Caldera. Marxistas y trotskistas se incorporaron a la dinámica del sistema democrático. Asumieron sus reglas. Pero desafortunadamente, Colombia no corrió con la misma suerte. La semilla del marxismo creció robusta en la hermana República. Y con ella la violencia y la destrucción. El brote marxista de 1964 devino en una guerra civil que ha afectado a bastas regiones del territorio colombiano durante más de cuatro décadas. La gran ironía es que aquello que al principio se vendió como una empresa de liberación humana (la utopía marxista) se ha convertido en la coartada de dos males morales profundamente inhumanos: el terrorismo y las drogas.

Hoy, sin embargo, las situaciones se han intercambiado. La guerrilla marxista se ha transformado en un cáncer invertido. Mientras en Colombia se lo está extirpando después de años de devastación y zozobra, en Venezuela ha hecho metástasis en las estructuras del Estado. La semilla del marxismo germinó desde el Gobierno venezolano y se hace llamar a sí misma revolución bolivariana. Esto reviste mayor significación si se toma en consideración que el más importante factor por el cual Colombia no termina de alcanzar la paz es, precisamente, la protección deliberada del régimen de Hugo Chávez a las FARC y al ELN. Se trata de terroristas abrigando a terroristas. Ello explica, además, que la violencia (sicariato, secuestros, tráfico de drogas, etc.) cabalgue campante en tierra venezolana. Ganar la paz en Colombia pasa por volver a ganar la paz en Venezuela. La pregunta es: ¿cooperará el terrorismo en la lucha contra el terrorismo? La respuesta es evidente…

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Twitter: @JuanMMatheus


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