Deuda social, moral y política
Escrito por Fernando Facchin B. (abogado)   
Viernes, 03 de Septiembre de 2010 07:36

altEl presidente Hugo Chávez anunció el pasado martes 31 la creación de la Cédula del buen vivir , una especie de tarjeta de racionamiento que se utilizará exclusivamente en la red pública de abastos y supermercados. Tarjeta de Racionamiento al estilo cubano que se implementará pasadas las parlamentarias, de tal manera que el Gobierno sigue con su táctica o política del avestruz , esconder la cabeza ante la insoportable deuda social, política y moral que tiene con el país, mediante un falso paternalismo que constituye una traba al desarrollo sustentable de la nación y se ha constituido en un fenómeno arraigado en los desposeídos, quienes ya hoy padecen del síndrome del pichón , viven con la boca abierta a la espera de la dádiva populista del Gobierno, un vicio que no nos deja progresar. El Gobierno promete y promete en época electoral, espera se calmen las aguas y luego no cumple.

Venezuela sólo saldrá de la pesadilla socialista mediante el esfuerzo de todos por una AN independiente que legisle por el respeto a la propiedad privada y a la dignidad ciudadana, seguridad jurídica para incrementar la inversión privada, respetar la soberanía nacional, controlar el atrevimiento del presidente en el usufructo personal del Estado en detrimento de todos los venezolanos maltratados por la coprolalia del discurso presidencial o predisposición patológica a proferir obscenidades descalificatorias, utilizando frases o palabras inapropiadas social y políticamente, todo en función a un desorden mental desinhibidor.

La deuda social que el presidente tiene con el país, por la cual una gran parte de los venezolanos vive en condiciones miserables, se profundiza la desigualdad ciudadana y se violan flagrantemente los derechos humanos, eso no se solventa con tarjetas de racionamiento. Sobre la deuda social el presidente usa la táctica política del avestruz , niega la realidad, se hace de oídos sordos y no afronta la problemática social por cuanto su interés es destruir al país.

La sumisión de los poderes públicos a los mandatos presidenciales crea, igualmente, una deuda política por la ineficacia e incompetencia de las instituciones fundamentales. El país reclama la existencia de un orden institucional estable que proporcione reglas del juego consensuadas para resolver los conflictos inherentes a la sociedad. La inestabilidad institucional, como lo demuestra nuestra experiencia histórica, es un obstáculo fundamental al desarrollo económico y social. En tal escenario, prevalece el desorden y proliferan los intereses antinacionales que acumulan poder enajenando el patrimonio del país, destruyendo los procesos productivos y la dignidad ciudadana. Todo lo hablado desemboca en una deuda moral que pesa sobre los hombros presidenciales, la cual nace del interesado olvido de valores esenciales para la convivencia humana, del desprecio por la alteridad y la enajenación de la soberanía nacional. Cuando los intereses personales o grupales se imponen por encima de aquellos que son vitales para la comunidad que integramos, y no sólo despreciamos los intereses de los otros y el bien común, sino que además transformamos a nuestros semejantes en simples instrumentos de nuestras prioridades, empezamos a contraer una deuda moral. Hay deuda moral en donde existe el clientelismo político, pues se convierte a seres humanos en simples peldaños para escalar y mantener el poder personal. Hay deuda moral cuando se usan en beneficio particular las instituciones, organizaciones y estamentos fundamentales del Estado. Hay deuda moral cuando empecinamientos y resentimientos personales condenan a grandes sectores de un cuerpo común, como es el país, a la pérdida de bienes, terrenos, maquinarias, proyectos y empleos, desoyendo todo tipo de argumentos razonables, sensatos y fundamentados en amplios consensos. El Presidente está cargando sobre las próximas generaciones de venezolanos una enorme y terrible deuda social, política y moral que les costará superar con una simple tarjeta de racionamiento y un circo electoral con marcado abuso mediático y grosera malversación del de los dineros públicos. Considero que el tema de la deuda moral, social y política sería un buen debate para la campaña electoral.

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El Carabobeño/OyN


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