Las prioridades de Venezuela son evidentemente muy diferentes a las rocambolescas fantasías de su, por ahora, Presidente
"Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás".
William Faulkner, (1897 - 1962), escritor estadounidense.
Desde hace tiempo venía amenazándonos con asociarse con su pana Ahmadinejad para fines atómicos. Y cuando dos joyitas así dicen esas cosas, el mundo piensa inmediatamente en bombas. Sin embargo, las múltiples aclaratorias del Comandante indican que él solo quiere instalar una central nuclear en Venezuela para conservar alimentos, para fines médicos, para protección ecológica del país y para darnos mucha luz. Qué lindo. Y aquí viene la gran pregunta: ¿cuánto nos va a costar este nuevo caprichito?.
Algunos expertos se han arriesgado a realizar algunos estudios de costos, basados en datos no actualizados, ya que en este planeta hay muy pocas experiencias recientes de instalación de centrales nucleares. Algo nada criticable cuando nos enteramos que el costo promedio por cada MW instalado es de ¡seis mil quinientos millones de dólares! Y el de Sabaneta está anunciando una central de 500 MW, lo cual a precios de hoy serían unos tres mil doscientos cincuenta MILLARDOS de dólares. Eso sin considerar los incrementos de precios para una obra que podría tardar entre 12 y 15 años concluirla. ¡Qué lumpias tan piches se fuman en Moscú! Ahora, yo me pregunto: un país que es incapaz de mantener su red termoeléctrica, pese a tener los recursos económicos; un gobierno que no es capaz de dar energía eléctrica a través del sistema más comparativamente sencillo que es el hidroeléctrico; un gobierno que no ha invertido ni siquiera los 10.000 millones de dólares indispensables para que el sistema no colapsara como lo ha hecho, dejándonos a ciegas, con racionamientos y apagones, digo: ¿cómo carrizo puede estar pensando en una central nuclear para producir electricidad?.
Si hay un país que puede producir energía hidroeléctrica para regalar, ese es Venezuela. Pero las turbinas del Guri fallan o no están encendidas, las plantas ríos abajo, proyectadas para ser concluidas desde hace tiempo, están paralizadas. Venezuela a duras penas produce el 65% de su capacidad de generación eléctrica instalada y está así por falta de planificación, de mantenimiento, de inversión y de interés por parte de un gobierno que dilapida en baratijas bélicas obsoletas en lugar de ocuparse de fortalecer los servicios públicos, la red medico hospitalaria o la infraestructura educativa y vial, totalmente colapsadas.
Así que no se trata sólo del exorbitante, mejor dicho, grosero costo de una central nuclear para un país que está a punta de velas, sino que Venezuela es uno de los pocos países del mundo que no debería recurrir a la energía nuclear teniendo la fuente de hidrocarburos y aguas que Dios le regaló. ¿Por qué creen que países como Italia, España, Alemania, tienen paralizado su desarrollo nuclear, siendo como lo son, altamente industrializados y obligados clientes petroleros? Pues por el altísimo costo de construcción y generación nuclear, por el altísimo costo de mantenimiento de tales plantas, por los graves riegos de accidentes nucleares. Por cierto Rusia, que ve tremendo negocio en construirle un juguetito nuclear al nuevo rico, tuvo el accidente nuclear más grave de la historia: la central de Chernobyl, en Ucrania el 26 de abril de 1986, tuvo un accidente que produjo una explosión de hidrógeno que mató en el acto a 31 personas y obligó al gobierno de la Unión Soviética a evacuar a 135.000, creando una alarma internacional al detectarse radioactividad en otros países de Europa. La cantidad de material radioactivo liberado fue 500 veces mayor al de la bomba de Hiroshima. Miles de personas quedaron afectadas en su salud por al menos dos generaciones y aún en el año 2004 estaban encofrando con financiamiento internacional el reactor para impedir cualquier fuga. Actualmente se considera que Rusia tiene una tecnología nuclear obsoleta.
No quiero ni imaginarme una central nuclear en manos de los mismos que promueven la ruta de la empanada, los gallineros verticales, el vergatario, la fábrica de satélites china, la plataforma espacial en Barinas, el gasoducto de Sudamérica, el segundo puente sobre el Lago, las 150.000 casas en el 2010, el trueque y las monedas regionales, las cuarenta universidades, la reconstrucción de Vargas, las no se cuantas refinerías en otros países, los centrales azucareros, la fábrica de pañales Guayuco, las bicicletas iraníes, el parque temático de La Carlota, la Universidad de la Casona, el eje Orinoco-Apure. Y por cierto, ¿qué será de la vida del satélite Simón Bolívar?
Cientos de proyectos que la fértil imaginación de "se me ocurre" ha puesto en marcha desde su televisiva silla de mando e inmediatamente su agalludos colaboradores ponen los ojos como un dos de oro, calculando las ganancias que tendrán en este nuevo proyecto, que chupará muchos dólares pero que nunca será concluido o servirá para algo. Miles de millones de dólares botados o regalados, mientras Venezuela se vuelve mierda.
Hay que impedir a toda costa que se inviertan los recursos del país, nuestros recursos, en otra de esas iniciativas sin estudio ni planificación, que además no responden a necesidades inmediatas de los venezolanos. ¿Por qué a este Presidente que dice gobernar para el pueblo no se le ocurre meterle esos reales al sistema eléctrico nacional para que todos tengamos luz, no se nos quemen los aparatos eléctricos, los muchachos puedan tener clases y nosotros trabajar con comodidad? ¿ Por qué por ejemplo no le da recursos al Metro de Valencia, paralizado desde hace 11 meses porque a los constructores les debe 360 millones de dólares? ¿Por qué no levantar unos cuantos hospitales, planteles y cárceles? ¿Por qué no construir autopistas? ¿Por qué no dar plata de la buena al combate de la inseguridad que esta diezmando la vida y los bienes de los venezolanos?.
Aparte de las malas compañías que atrae este proyecto nuclear, alentado por forajidos internacionales cuya intenciones no quisiéramos fueran tan predecibles, el compromiso en que el Comandante esta metiendo al país es económica y éticamente inviable. Empobrecerá y endeudará aun más a la depredada economía nacional. Las prioridades de Venezuela son evidentemente muy diferentes a las rocambolescas fantasías de su, por ahora, Presidente. El chistecito de que no va a fabricar una bomba atómica se lo creemos porque conocemos harto el grado de incapacidad que azota su gestión. Pero el resto del mundo lo que ve mientras dice el chistecito es a Ahmadinejad riendo socarronamente a su lado. Cuidadito, pues, con traer algo más que un triquitraque entre manos.
AQUÍ ENTRE NOS
Lo peor que le ha podido ocurrir a Valencia es tener a Edgardo Parra de Alcalde. Sobre todo después de haber disfrutado de uno tan competente como Paco Cabrera. La destrucción de la ciudad parece que le place a este ciudadano que emula a Pilatos en todas sus actuaciones. Se paralizó el Metro de Valencia y el Alcalde no solo no se empeña en buscar los recursos sino que dice olímpicamente que no hay dinero para eso. Las calles de la capital carabobeña están implosionadas por un rosario infinito de huecos. Entonces el Alcalde dice que ha tapado 70.000 de los 120.000 huecos de la ciudad. Y cada día está peor porque el asfalto, según denuncia el decapitado Contralor, es de mala calidad o esta mal echado. Pero Parra manda a poner un círculo rojo en cada hueco para que sepan que él fue quien puso esa torta. Llego a la Alcaldía y desmonto el sistema administrativo, eliminó la página Web donde cualquier ciudadano se enteraba de los contratos y de su estado. Ahora ni siquiera sabemos los nombres de los directores. Con un proyecto millonario, esta remodelando la Plaza Bolívar, sin que nadie sepa con certeza como quedará eso. Y ni siquiera se apura para entregarla en tiempo y el tiempo es el día de la Patrona de la Ciudad: Nuestra Señora del Socorro cumple con grandes festividades cien años de su Coronación Canónica y la Plaza frente a su casa de fiesta, la Catedral, no estará lista. Parra destruyó la Feria Internacional de Valencia, convirtiendo el paseo de las casetas en una "feria agroindustrial" más propia de un pueblo del llano que de la tercera ciudad del país. Tuvo la osadía de comandar a un grupo de rojos que rayaron las paredes de El Carabobeño y de Notitarde, insultando a los periodistas. Además, Parra tiene piel de quinceañera. Por lo delicada, digo. Cuando el periodista Pancho Pérez habló de los presuntos negocios de su familia, montó en cólera sin entender que cuando toda una ciudad ve ese cambio rotundo en el estilo de vida, por ejemplo, de irse en helicóptero a comer patacones en Maracaibo o de viajar a cada rato con comitivas, pues lo mejor es que ese funcionario ponga a su familia en su sitio, antes que ocasionar esa oleada de críticas. Pues el Alcalde decidió vender el sofá y demando a Pancho Pérez, quien no ha podido ejercer más la única profesión que conoce gracias a que Parra, se siente ofendido por lo que toda Valencia dice y Pancho no hizo más que transmitir. Ahora se metió con otro patrimonio de la ciudad: el Acuario de Valencia. Más de tres decenas de animales fueron enviados a los zoológicos de Barquisimeto y Maracaibo y en un extraño convenio, las toninas vendidas a un acuario de Corea a cambio de un pez mandarín y la promesa de los coreanos de invertir 500.000 dólares en un nuevo Acuario. Por muy dañadas que estuvieran las instalaciones, es evidente la falta de amor de un Alcalde que no es valenciano, que no piensa como valenciano y que jamás va a ser admitido por los valencianos. Hay dinero para pagar costosas campañas en los medios para insultar a esos mismos medios (¡qué cosa tan insólita!) pero no lo hay para mantener a unos animales que son considerados hijos de la ciudad, que son orgullo y diversión de los niños desde hace muchos años. E igual que Poncio, enfrentó la indignación popular diciendo que él no había sido quien firmó el contrato y enviando una banda de balurdas insultadoras a agredir una manifestación en defensa del Acuario y sus toninas. Díganme dónde hay que firmar para revocarle el mandato a este Alcalde que sabe que está allí gracias a la división de la oposición. Pierdes de calle, Parra.
Hasta el próximo miércoles.
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