La certeza de lo que se espera
Escrito por Enrique Pereira   
Lunes, 07 de Febrero de 2011 02:15

altUn par de días atrás le llevé a la costurera unos pantalones para reparar. En tono de broma le dije: unos los quiero rápido, pero los otros son para cuando caiga Chávez –sin mediar tiempo- asintió: “entonces se los hago para hoy”. Esa respuesta me dejó en el sitio, así que traté de indagar que sabía ella que yo desconocía. La respuesta fue: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Esa sentencia quedó dando vueltas en mi cabeza, hasta que la primera búsqueda en la red me la rebela, sin una coma de diferencia, proveniente de un versículo de la Biblia (hebreos 11:1).
La fe se reporta como un acto por encima de la esperanza. La esperanza es un simple desear algo, pero la fe es el acto en que asumimos como cierto lo que esperamos con esperanza que suceda. La fe mueve montañas, pues es la fe la que nos mueve en la dirección de lo que tenemos la certeza va a suceder. Es convicción sólida en lo que tenemos fe, aun sin una muestra palpable. No vemos a Dios, pero creemos firmemente en su existencia.

No hay que dar muchas vueltas para entender que está detrás del siempre sonriente estado de ánimo de mi costurera, y las creencias que motivan su actuación. Ella es un motivo para tener fe y continuar luchando en la dirección de nuestras convicciones.

Cada mañana nos encontramos personas que pierden la esperanza de que nuestra patria gire hacía mejores rumbos. Personas que han perdido la esperanza, producto de una pérdida de su fe en lo que puede suceder. Abandonan la lucha y no encuentran un camino cierto que los ayude a transitar estas épocas difíciles por las que atraviesa nuestra nacionalidad. Usted puede arrugar, puede perder parte de la esperanza, pero lo invito que nunca pierda la fe. Lo invito a que entienda que una docena de años es un tiempo ínfimo en la vida de una nación, y hasta en la vida de cada uno de nosotros. Es apenas una costura arrugada en un gran lienzo de tela, que dejaremos atrás en cualquier momento, movido por lo único que siempre termina  moviendo al mundo: la verdad.

La revolución chucuta está construida sobre mentiras. Mentiras arrinconadas en estrechas fisuras que dejamos abiertas, como sociedad, para que esas mentiras tomaran cuerpo en personas que construyeron su esperanza en las promesas que escuchaban de alguien que vendía un futuro promisor. Después de doce años, muchas personas han descubierto que no hay tal revolución. La revolución es una farsa destinada a ganar adhesiones que permitan continuar en el poder a una sarta de fantoches que condicen nuestro progreso y nuestro destino a una anarquía y una pérdida de calidad de vida que no conoce de clases. No tiene nada que mostrar, para mantener la esperanza que produjeron en muchos venezolanos.

Tengo la certeza de que van de salida. Tengo la convicción de que no se pueden sostener por mucho tiempo, pues cada día es más difícil conseguir un venezolano que siga creyendo en estos militares autocráticos que no saben  cómo producir felicidad.

@pereiralibre


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